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La noche se prestaba para ser una de esas pasajeras. De las que el viento se las lleva sin chistar o donde las lapiceras no malgastan tinta para escribir historia. Un sábado a la noche más de jarana por el mismo hecho del día en la semana que por lo que representaba un trámite donde Argentina enfrentaba a la débil Jordania con el liderazgo asegurado, con un Messi suplente y con la calma impropia de un Mundial que Lord Infantino logró tras numerosos cambios de formato y meter el marketing hasta por los ojos. Sin embargo, hay un factor incalculable: la locura y el fervor de un país que vive una Luna de Miel en cada instante. Todo es una alegría inconmensurable desde el disfrute de no tener una mochila y entender, que se puede dar, bueno, eso.
Con el frío recorriendo los distintos lugares de Argentina, y el aire acondicionado bien fuerte en el AT&T de Dallas, Scaloni se permite tomar licencias en el equipo dándole minutos a algunos jugadores y hasta poner a Palacios de lateral derecho. Experimentos que no se refutan porque sabemos que el padre de la criatura no derrocharía prestigio por la subestimación. Y el partido empezó como se esperaba: con Argentina siendo protagonista y bien plantado.

Paredes manejando los hilos de la pelota, Lautaro tratando de combinarse con un desconocido Julián, Tagliafico siempre solvente y un Nico Paz que es un lujo a los ojos con sus giros de ballet y a pesar de nunca haber pisado una cancha de tierra, de a poco se va empapando con la idiosincracia de nuestro fútbol, aunque ya la posee en la sangre. SIn embargo, el destino le tenía un merecido premio a otro que nunca claudicó y que también le queda bien la palabra que tanto usamos con Messi: Resiliencia. Giovani Lo Celso acomoda la pelota y en esos pensamientos introspectivos, el rosarino se acuerda del derecho de piso en 2018 y de la injusticia de 2022, 3 mundiales en esos primeros minutos, una deuda que tardó en cobrarse pero que llegaría con regalias: zurdazo perfecto al palo del arquero para dejarlo en modo estatua y estallar con el grito sagrado. Una revancha personal, la primera de la noche.
Al rato, el travesaño suena por Lautaro Martínez, el delantero que no encuentra con el gol en la Copa del Mundo, a pesar de romper récords todo el tiempo en Italia con el Inter. Una y otra vez, cualquier nimiedad toma la magnitud de un iceberg. Esto podría ser una más de aquellos que solo ven manchas cuando miran al cielo. Y el destino, en modo desquite nuevamente para la Scaloneta, le da el balón servido en bandeja de oro con un penal a su favor. Respira y ahuyenta fantasmas. Remate fortísimo y cruzado, como contra Países Bajos, pero este, con otro sabor. Debut en las redes para el capocannonieri y desahogo extremo. Lo que no fue en Qatar en rúbrica personal ahora si lo era en Dallas. A sacarse la mufa Lautaro, y que se agarren, porque hay Toro suelto.

Mientras todo eran risas y regocijo, el mundo del fútbol también nos da una sacudida para entender donde estamos parados. Minutos de desenfoque, sin pierna fuerte, sin relevos pensados y sin pelota recuperada. Un par de toques y la pelota adentro a pesar de la estirada del gran "Dibu". Warning. Esto no es un amistoso que nos tuvo acostumbrado el "Chiqui" Tapia en estos 4 años de resaca. Esto es una Copa del Mundo y no perdona a nada y nadie. Y si no lo sabremos nosotros que tuvimos al mejor de todos los tiempos y sufrimos tanto. Un cachetazo para entender donde estamos parados.
Y la fiesta no estaba completa sin el cumpleañero, sin aquel que todos esperan y aplauden con alegría. El primero con 39 y nos recuerda a esa imagen de hace 20 años en Gelsenkirchen entrando desde el banco de suplentes con camiseta alternativa. Hay cosas que cambian y otras que no: la expectativa en ambas era enorme en sus diversas dimensiones y desde la tribuna, la felicidad de Diego en 2006 y ahora la de su familia con Antonela Rocuzzo y sus hijos, donde nos demuestra el paso del tiempo. Eso si, el Diego, estaba presente seguro como siempre que juega la Selección. Y rápidamente todo se volvió aceitado. La fluidez fue la protagonista del asunto y todos querían jugar con el 10. Tiro libre y todos los ojos se posan en Él. Acostumbrado a los flashes, Messi vuelve a inventar otra genialidad. Le pone la cereza a la torta en este partido con clima festivo. Algunos lujos que se puede dar este equipo. Y las marcas se siguen rompiendo llegando a 19 goles en Mundiales, a estar cerca de ser el máximo anotador en tiros libres. Pero poco le importa. Sonríe como un chiquilín más.

Una muestra más de que la Scaloneta es algo más allá de una selección o equipo que juega bien a la pelota. Es una identidad que representa al argentino, sea en un Mundial o Amistoso, sea contra Francia o Jordania, sea en Estados Unidos o Angola. Donde sea, uno quiere ver a esta familia que tiene a la pelota como excusa para divertirse. Y cualquier nombre que entra, entiende la identidad porque está en la propia cultura de esos potreros, baldíos, patios de colegio o pastos de plazas que supieron mamar de niños. Sin obviar la presencia del mejor de todos los tiempos, que al fin, encontró su lugar en el mundo. El festejo es más eufórico de lo esperado, con cantos por billeteras y policias siendo aprisionados para celebrar. Somos campeones del mundo. Somos el mejor equipo del planeta. Un pequeño feriado en el trabajo más complicado para estos obreros con pie de terciopelo. Ahora a creer, con la Nuestra, que hay con qué.

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