
Foto: TDN
Mucho antes de que Lionel Messi volviera a hacer historia con la camiseta argentina, el Colegio La Merced ya era una fiesta. Desde temprano, alumnos y alumnas comenzaron a llegar vestidos de celeste y blanco, con camisetas, vinchas, banderas, cornetas y hasta pequeñas picadas preparadas en sus casas para compartir una jornada diferente junto a sus compañeros.
Las autoridades de la institución eligieron el gimnasio para proyectar el partido en una pantalla gigante, acompañado por un potente sistema de sonido que envolvió a todos los presentes y transformó el espacio en una verdadera tribuna mundialista.
Pero antes de que rodara la pelota hubo un momento especial. La comunidad educativa realizó la tradicional oración a la bandera y, esta vez, también elevó una plegaria encomendando a Dios el partido que minutos después compartirían todos juntos.

Las sillas fueron ubicadas frente a la pantalla y organizadas por cursos, desde los más pequeños hasta los alumnos de los últimos años. Nadie quiso perderse el encuentro, ni siquiera los niños del jardín de infantes. Muchas docentes se sumaron a la propuesta luciendo camisetas argentinas, pelucas y distintos accesorios para contagiar entusiasmo a los estudiantes.

Uno de los momentos más emotivos de la siesta llegó con la entonación del Himno Nacional Argentino, que fue cantado a viva voz por todo el gimnasio en una escena cargada de emoción.
El penal errado por Messi sembró nervios y tensión. Algunos chicos dejaron de tocar las cornetas y siguieron la jugada en absoluto silencio, aunque nadie dejó de alentar a la Selección.

Cuando llegó el primer gol, el gimnasio explotó. Hubo abrazos, saltos, bailes improvisados y hasta lágrimas de emoción entre algunos alumnos que no pudieron contener la alegría.
En el segundo tiempo aparecieron algunos signos de cansancio, pero nadie dejó de mirar la pantalla. La atención permaneció intacta hasta que llegó el segundo gol de Messi, que se festejó como si fuera una final del mundo. Entonces, el colegio se transformó definitivamente en una celebración. Hubo cánticos, coreografías, rondas de baile y festejos que se trasladaron tanto dentro como fuera del gimnasio.

La victoria tuvo un sabor especial para toda la comunidad educativa. Por un lado, porque Argentina volvió a ganar y alimentó la ilusión mundialista. Por otro, porque la propuesta consiguió que cientos de chicos vivieran una experiencia colectiva distinta, donde la escuela también se convirtió en un espacio de encuentro, alegría y pertenencia.
Las docentes, especialmente las de mayor antigüedad, recordaron además a la hermana Amelia Berta Povalej, fallecida hace dos años, quien tenía la costumbre de compartir con los estudiantes los partidos de la Selección Argentina, tanto en los momentos felices como en aquellos en los que los resultados no acompañaban.
Terminados los festejos, las clases continuaron con normalidad, aunque la sonrisa y la emoción quedaron presentes en cada rincón del colegio.
