
Un ciclo que marcó al club: “Siempre intenté dejar algo en cada lugar”
Rubén Moisello, presidente saliente de San Martín, habló en profundidad en El Deportivo 12 tras la renuncia anticipada de la Comisión Directiva. En una entrevista extensa, repasó su paso por la institución, su vínculo con los trabajadores y la convicción de que donde estuvo “siempre quedó una huella”. Recordó que lo mismo le ocurrió en otras gestiones públicas, y que lo más valioso que se lleva son las relaciones humanas construidas durante estos años.
El ex mandatario reconoció la exigencia que envuelve al club y la sensación permanente de que “solo existe el éxito o el fracaso”. “San Martín vive todo al límite”, afirmó, señalando que la magnitud de la institución muchas veces impide matices.
La final de Rosario y un golpe que cambió todo
Moisello rememoró la recordada final en Rosario, un partido que definió la suerte del proyecto y que, según él, tuvo un factor determinante: el exceso de confianza. Aseguró que el cuerpo técnico se apartó de su conducta habitual y que la concentración elegida aumentó la presión sobre el plantel. “Ese día muchos sintieron el clima y no pudieron manejarlo”, expresó.
Para el ex presidente, lo sucedido en aquella tarde fue el punto de quiebre. Relató incluso que algunos jugadores temblaban al salir a la cancha y que el clima triunfalista afectó al equipo. “Celebramos antes de ganar, y lo pagamos”, admitió.
La salud, el desgaste y el ataque permanente desde las redes
El golpe deportivo derivó en una etapa personal muy dura. Moisello confesó que el estrés lo llevó a una enfermedad compleja —herpes zóster— que lo mantuvo afectado más de un año. Relató momentos de angustia profunda, incluso el desahogo solitario en su casa de Raco para asimilar la derrota.
También apuntó contra el clima hostil en redes sociales, donde afirmó que recibió agravios constantes. “Las redes son una cloaca”, dijo con crudeza. Reveló que decidió abandonar toda actividad digital por la violencia de los comentarios: “Había gente que deseaba que no ascendiéramos solo para que nos fuéramos. No entendí nunca ese odio”.

Obras, infraestructura y un club transformado
Más allá del final turbulento, Moisello defendió el trabajo realizado en infraestructura. Indicó que al asumir encontraron un club deteriorado y que fue necesario intervenir desde lo básico, desde instalaciones eléctricas hasta sistemas de drenaje.
Enumeró obras que no siempre son visibles, como canalizaciones profundas que evitaron inundaciones históricas en el complejo, y destacó mejoras estructurales en el estadio, incluyendo cabinas, palcos, la cantina, baños, museo y sectores que consideraba “indignos para un club con aspiraciones de primera”.
Asimismo, resaltó la creación del microestadio cubierto, habilitado para vóley, básquet, futsal y eventos masivos, y con potencial para recibir selecciones nacionales.
Crisis política, renuncia y una transición ordenada
Sobre el cierre anticipado de la CD, Moisello aseguró que el principal detonante fue el desgaste interno y las agresiones públicas. Explicó que siempre estuvo dispuesto a dialogar con cualquier socio y que no compartía la crítica de “mala administración”.
Destacó que el club queda ordenado, con salarios al día —empleados y profes cobraron noviembre; el plantel, octubre—, sponsors por cobrar y deudas estatales pendientes a favor de la institución. Aclaró que se avanzó en rescisiones para no dejar compromisos pesados a la próxima conducción y que incluso intentaron finalizar el vínculo del cuerpo técnico para facilitar la transición.

“Me hubiese encantado irme con el ascenso”
Sobre su despedida, Moisello confesó que si lograban el ascenso esta temporada tenía decidido dar un paso al costado igual, convencido de que su ciclo estaba cumplido. “Hubiese sido el orgullo más grande de mi vida”, señaló. A pesar de las críticas, insistió en que nunca le desearía un mal deportivo al club y que espera que el próximo año se concrete el salto a Primera.
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