
En la noche del lunes Ucrania volvió a quedar bajo fuego, en una nueva ofensiva rusa que impactó de manera coordinada sobre distintos puntos del país.
Los ataques con misiles y drones dejaron al menos 18 muertos y más de un centenar de heridos, además de provocar destrucción en zonas residenciales y cortes de servicios básicos.
El golpe más fuerte se registró en Dnipró, donde un ataque nocturno causó ocho víctimas fatales y múltiples heridos, varios de ellos en estado crítico.
Las tareas de rescate se extendieron durante horas entre edificios derrumbados, donde se reportaron personas atrapadas, incluido un niño de tres años.
En Kiev, las detonaciones durante la madrugada generaron escenas de pánico. Las sirenas de alerta se activaron y miles de habitantes descendieron a refugios subterráneos mientras se registraban columnas de humo en distintos sectores de la capital.
Autoridades locales indicaron que se utilizaron misiles balísticos, lo que elevó el nivel de riesgo y daños materiales.
La ciudad de Járkov también fue alcanzada por la ofensiva, con al menos ocho heridos tras el impacto de proyectiles en áreas urbanas.
El Kremlin había anticipado represalias luego de un episodio en una zona bajo control ruso. El conflicto suma una nueva escalada con consecuencias directas sobre la población civil, mientras continúan los operativos de emergencia y evaluación de daños.