
El conflicto se originó cuando un buque de guerra francés interceptó al Tagor el pasado 31 de mayo en aguas internacionales, a unos 400 kilómetros de la costa francesa. Según la versión de las autoridades galas, la embarcación rusa, que habría zarpado desde Murmansk, navegaba utilizando una bandera falsa, motivo por el cual procedieron a su interceptación y posterior escolta hacia un puerto de su territorio.
Ante esta situación, Maria Zakharova sostuvo que el gobierno de Francia realizó una interpretación errónea del artículo 110 de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. La diplomática argumentó que, si bien dicho tratado permite la inspección de barcos extranjeros sin nacionalidad en aguas internacionales, el marco jurídico no contempla la autorización para escoltar una nave privada hasta un puerto extranjero bajo jurisdicción del país interviniente.
Desde Moscú, la respuesta fue inmediata. La Embajada de Rusia en suelo francés ha solicitado formalmente todos los detalles sobre las circunstancias que rodearon esta maniobra. Además, el gobierno ruso informó que está tomando medidas exhaustivas para garantizar la protección de todos los ciudadanos rusos que integran la tripulación del buque detenido, manteniendo la presión diplomática sobre el ejecutivo de París.
Finalmente, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aprovechó el incidente para criticar lo que denomina una reescritura de las normas jurídicas globales según la conveniencia de los países europeos. La tensión entre ambas naciones se intensifica tras este episodio, mientras la cancillería rusa continúa calificando las acciones francesas como una muestra del desprecio por el orden internacional vigente.