
Después de una primavera que había dejado dudas en el sector, los cañaverales tucumanos lograron recuperarse y hoy muestran un panorama alentador. Las lluvias del verano cambiaron el escenario productivo y permitieron que el cultivo recupere ritmo de crecimiento. De acuerdo con un informe técnico de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), la campaña cañera 2025/2026 llega a esta etapa con uno de los niveles de biomasa más altos de las últimas campañas, aunque con realidades muy diferentes según la zona.
El inicio del ciclo estuvo lejos de ser ideal. Entre septiembre y noviembre, las precipitaciones se comportaron de manera irregular y eso impactó en el desarrollo temprano del cultivo. Hubo áreas donde la falta de agua demoró el crecimiento y otras donde las lluvias alcanzaron para recomponer parcialmente la humedad del suelo. Esa disparidad climática se tradujo en un arranque desigual del cañaveral, con lotes que avanzaron a distinto ritmo según las condiciones de cada ambiente.
En campos con suelos más limitantes o con menor capacidad para retener agua, el cultivo creció con mayor lentitud durante la primavera. Por el contrario, en los lotes con buena disponibilidad hídrica y manejo nutricional adecuado, la caña logró sostener un crecimiento constante y llegó al verano en mejores condiciones.
El verdadero punto de cambio apareció entre diciembre y enero, según el estudio realizado por Fernanda Leggio, Carmina Fandos y Jorge Forciniti. Las lluvias se volvieron más frecuentes y generalizadas en gran parte del área cañera, con acumulados importantes en varios departamentos de la provincia. Ese aporte de agua permitió recargar los perfiles de suelo y generó condiciones muy favorables para el desarrollo vegetativo del cultivo.
Los datos de sensores remotos analizados por la Eeaoc muestran que, al 5 de febrero, el cañaveral presentaba los mayores niveles promedio de biomasa de las últimas tres campañas para esa fecha. Las imágenes satelitales reflejan una vegetación densa y activa en gran parte de la provincia, especialmente en el noreste y el sur, zonas donde el cultivo respondió con mayor vigor a las lluvias del verano.
De todos modos, el buen panorama general no es homogéneo. En sectores del centro provincial se detectaron problemas de anegamiento que frenaron el crecimiento en algunos lotes e incluso provocaron pérdidas de plantas. Por eso, aunque el nivel de biomasa es una señal positiva de cara a la próxima zafra, el resultado final todavía dependerá de cómo evolucione el clima durante el resto del verano y el otoño, una etapa clave para consolidar el rendimiento y definir la calidad industrial de la caña.