
La decisión del Gobierno nacional de modificar el sistema de vacunación contra la fiebre aftosa sigue generando tensiones dentro del sector agropecuario. Esta vez fue la Federación Agraria Argentina (FAA) quien expresó su rechazo a la medida que habilita una mayor participación de veterinarios privados y reduce el rol de las fundaciones y entes sanitarios que históricamente coordinaron las campañas en el territorio.
A través de un comunicado, la entidad recordó que la sanidad animal en Argentina es el resultado de un proceso construido durante décadas por productores, organismos técnicos y entidades rurales. En ese marco, destacaron que el sistema vigente permitió consolidar estándares sanitarios reconocidos a nivel internacional, fundamentales para sostener la competitividad del país en los mercados de carne.
Las críticas de la FAA se suman a otras manifestaciones de preocupación surgidas tras la resolución oficial, que busca desregular parcialmente el esquema con el argumento de reducir costos y eliminar estructuras consideradas poco eficientes. Sin embargo, desde las organizaciones rurales sostienen que el problema central no radica en el sistema en sí, sino en la falta de controles adecuados sobre su funcionamiento.
En ese sentido, la entidad planteó que los productores también reclaman una reducción de costos, pero remarcaron que la solución no pasa por modificar el modelo sanitario. “Controlar el precio de la vacuna y su aplicación es una obligación del Estado”, señalaron, y advirtieron que intervenir debilitando la estructura existente podría poner en riesgo un esquema que ha demostrado eficacia durante años.
El debate se concentra, además, en la capacidad de respuesta frente a eventuales emergencias sanitarias. Según la Federación Agraria, el sistema actual —basado en la articulación entre el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) y los entes territoriales— permite actuar con rapidez ante un brote mediante la generación de anillos sanitarios y controles territoriales.
Para la entidad, alterar ese mecanismo podría reducir la eficacia del control epidemiológico. Desde su perspectiva, la fortaleza del modelo radica justamente en la red territorial de entes sanitarios que garantizan la aplicación efectiva de las vacunas y el seguimiento de los rodeos en todo el país.