
Este martes 7 de julio, Argentina y Egipto se enfrentarán por un lugar en los cuartos de final del Mundial 2026. Pero el cruce entre ambos países no se limita a los 90 minutos de fútbol. Desde hace años disputan otro partido, mucho más silencioso, que se juega en los puertos y tiene como protagonistas al maíz, la soja, los aceites vegetales y los fertilizantes.
La relación comercial tiene un claro ganador. Según la Síntesis Económica y Comercial de Egipto elaborada por la Cancillería Argentina con datos del INDEC, durante 2023 Argentina exportó a ese país US$ 814,9 millones e importó US$ 267,9 millones, lo que dejó un superávit de US$ 547,1 millones. Egipto se consolidó así como uno de los principales destinos africanos para las exportaciones nacionales y uno de los mercados más importantes del mundo árabe para los alimentos argentinos.
El agro explica buena parte de esa relación. De acuerdo con la información oficial, más del 90% de las ventas argentinas a Egipto corresponden a productos del complejo agroindustrial. Entre ellos sobresalen el maíz, la harina y pellets de soja, el aceite de soja y otros derivados oleaginosos. La demanda responde a una realidad estructural: Egipto posee una población superior a los 110 millones de habitantes y una producción agrícola insuficiente para abastecer el consumo interno, por lo que depende de las importaciones de cereales y alimentos.
Aunque las estadísticas bilaterales oficiales más recientes corresponden a 2023, durante este año el intercambio mostró señales de mayor dinamismo. Según datos preliminares citados por el consultor y ex subsecretario de Mercados Agropecuarios Javier Preciado Patiño, en marzo de 2026 Argentina embarcó unas 600.000 toneladas de maíz hacia Egipto, frente a 213.000 toneladas del mismo mes de 2025. El crecimiento estuvo asociado a una mayor demanda de los países del norte de África, favorecida por la competitividad del maíz argentino y por las tensiones geopolíticas que alteraron los flujos comerciales tradicionales.
En sentido inverso, Argentina compra bastante menos de lo que vende. Las importaciones provenientes de Egipto se concentran principalmente en fertilizantes (urea, por ejemplo), productos químicos e insumos industriales. En el caso de los fertilizantes, se trata de un insumo clave para la producción agrícola argentina, por lo que el intercambio también encuentra un punto de encuentro en las necesidades del propio sector agropecuario.
El comercio bilateral, además, se apoya en el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y Egipto, que permitió reducir progresivamente los aranceles para miles de productos y mejorar el acceso de las exportaciones argentinas a ese mercado. La complementariedad entre ambas economías explica buena parte del vínculo: mientras Argentina produce excedentes de alimentos, Egipto necesita importarlos para garantizar el abastecimiento de su población.
Cuando el árbitro marque el inicio del partido por los octavos de final, todas las miradas estarán puestas en el resultado deportivo. Sin embargo, lejos del estadio, Argentina y Egipto seguirán compartiendo un partido que lleva décadas en juego. Allí no hay goles ni penales: hay barcos cargados de maíz, soja, aceites y fertilizantes que, campaña tras campaña, consolidan una relación comercial donde el agro juega se pone la 10.