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CAPACIDAD OCIOSA Y FALTA DE COMPETITIVIDAD

"La Argentina tiene que salir a luchar esa batalla": el país pierde terreno frente a Brasil y Estados Unidos en biocombustibles

Directivos del sector aceitero advirtieron que la falta de un mercado interno sólido aleja inversiones que sí se concentran en los países vecinos.

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02 jul, 2026 11:56 a. m. Actualizado: 02 jul, 2026 11:56 a. m. AR
 "La Argentina tiene que salir a luchar esa batalla": el país pierde terreno frente a Brasil y Estados Unidos en biocombustibles

La industria aceitera argentina volvió a manifestar su preocupación por el estancamiento del mercado de biocombustibles en el país. Con una capacidad instalada estimada en 4,4 millones de toneladas anuales de biodiésel que permanece mayormente sin utilizar, referentes del sector señalaron durante el panel sobre agregado de valor del Seminario Acsoja 2026, realizado en la Bolsa de Comercio de Rosario, que la Argentina pierde competitividad frente a otros países que sí impulsaron sus mercados domésticos de biocombustibles mediante mayores porcentajes de corte obligatorio e incentivos a la demanda interna.


Luis Fontán, Head of Trading de Aceitera General Deheza (AGD), explicó que la dificultad no radica en la infraestructura industrial sino en el marco regulatorio vigente. "Tenemos unas plantas con un nivel tecnológico, de escala y de eficiencia fantástico que están paradas o parcialmente paradas", señaló. Sobre el esquema normativo actual, agregó: "La Argentina hoy tiene una ley de biocombustibles, tiene precios regulados, tiene cuotas y tiene un mandato pequeño que no se cumple".


En la actualidad, el corte obligatorio de biodiésel en el gasoil es del 7,5%, mientras que el bioetanol equivale al 12% de las naftas. En el Congreso se debaten distintas propuestas para modificar ese esquema, entre ellas una iniciativa de la senadora Patricia Bullrich que plantea elevar el corte de biodiésel al 10% y el de bioetanol al 15%, junto con la habilitación de mayores porcentajes de mezcla y la comercialización de vehículos flex fuel.


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Fontán comparó la situación local con la de los países vecinos: "Brasil tiene 15% y va a 16%. Paraguay acaba de sacar una normativa para ir a 20%. En la Argentina estamos en 7,5%".


Fernando Correa Urquiza, director de la plataforma de Oleaginosas para la región Latinoamérica Sur y Oeste en Louis Dreyfus Company (LDC-foto inferior), sostuvo que esta brecha normativa ya modificó el mapa mundial de la industria aceitera. "Tenemos industria norteamericana y brasileña expandiéndose hace dos o tres años, con una cantidad de inversiones que realmente asustan, alentadas por mandatos alrededor de los biocombustibles y con un mercado doméstico inmenso. La Argentina tiene que salir a luchar esa batalla", afirmó. Y advirtió: "Si no lo hacemos, vamos a ver cómo el resto del mundo sigue creciendo y la Argentina sigue quedándose estancada".


Consultado sobre el crecimiento del HVO (aceite vegetal hidrotratado) en Estados Unidos, Fontán indicó que ese fenómeno ya tiene efectos concretos sobre la industria: "Eso ya impactó, eso ya está". Detalló que la ampliación de la capacidad de molienda en Estados Unidos y Brasil respondió principalmente a la mayor demanda de aceite destinado a biocombustibles, lo que a su vez incrementó la oferta mundial de harina y alteró la relación histórica entre ambos productos. Al respecto, resumió: "Hoy en el mundo se muele soja por el aceite".


El aceite ganó peso en el valor de la soja


Correa Urquiza explicó que este proceso también transformó la economía de toda la cadena sojera. Hace quince años, el aceite representaba entre el 30% y el 35% del valor del poroto; en la actualidad, esa proporción supera el 50%, impulsada por la creciente demanda de aceites vegetales con fines energéticos.


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En Brasil y Estados Unidos, buena parte del aceite tiene un comprador asegurado dentro del propio mercado interno para convertirse en biodiésel, lo que sostiene su precio y fortalece a toda la cadena productiva. En la Argentina, en cambio, el mercado doméstico es más acotado y una mayor proporción de la producción debe exportarse sin ese diferencial. El país es, de todas formas, el principal exportador mundial de harina y de aceite.


"Cuando uno mira el valor al cual el aceite argentino tiene que salir a paridad respecto de lo que el aceite brasileño o el americano consiguen por sus demandas domésticas, es realmente un diferencial enorme. Y eso se traduce, obviamente, en la capacidad de pagar al productor", indicó Correa Urquiza. Como ejemplo de esa pérdida de valor, mencionó: "Hoy el aceite argentino se exporta a Canadá, se transforma en biocombustible y desciende a Estados Unidos y es competitivo contra el biodiésel americano. Imagínense el costo logístico que implica ese movimiento. Todo ese valor que queda en el camino no va al productor".


Alfonso Romero, CEO de COFCO International Argentina, coincidió en que el desarrollo de un mercado interno de biocombustibles dejó de ser exclusivamente una cuestión energética para convertirse en un factor de competitividad. Recordó que el mercado internacional del biodiésel se fue cerrando progresivamente para la Argentina —primero en Estados Unidos y actualmente con crecientes incertidumbres en Europa— y remarcó que los principales competidores del país compensaron esa situación fortaleciendo su consumo interno.


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"Estados Unidos tiene el suyo, Europa tiene el suyo, Brasil tiene el suyo, Indonesia tiene el suyo", enumeró Romero. Y graficó la diferencia de competitividad: "Es como estar con un motor aspirado compitiendo con motores turbo como tienen Brasil y Estados Unidos. Es muy difícil correr a la misma velocidad".


Otros cultivos oleaginosos, una oportunidad emergente


Los directivos coincidieron en que este escenario también comienza a generar oportunidades para otros cultivos oleaginosos, como el girasol, la camelina y la canola, para los cuales el país cuenta con condiciones industriales, logísticas y de infraestructura favorables. No obstante, remarcaron que el desafío inmediato consiste en recuperar competitividad y evitar que la diferencia con los principales países productores continúe ampliándose.


Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario había señalado que el país dispone de instalaciones con capacidad para producir alrededor de 3,8 millones de toneladas anuales de biodiésel, frente a una actividad efectiva muy por debajo de ese potencial. Según la entidad rosarina, "los volúmenes producidos dejan una capacidad ociosa anual en torno al 75%".

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