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A cinco días del inicio de su gira apostólica por Sudamérica, que incluirá una visita a la Argentina, el papa León XIV presidió este domingo 1 de noviembre el rezo del Ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano. Ante los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro, el Pontífice dedicó su reflexión a la solemnidad de Todos los Santos y dejó un mensaje centrado en la paz, la justicia y la importancia de reconocer el bien que realizan las personas en su vida cotidiana.
Durante su intervención, León XIV recordó que la santidad no está reservada únicamente a quienes han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia, sino que también comprende a innumerables hombres y mujeres que, desde el anonimato, dedicaron sus vidas al servicio de Dios y de los demás. “La santidad no es un privilegio para pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos”, expresó el Santo Padre, al destacar que cualquier persona puede recorrer ese camino mediante sus decisiones y acciones.
El Papa explicó que la celebración de Todos los Santos invita a reconocer a quienes hicieron de su existencia una entrega a los demás. Citando el libro del Apocalipsis, recordó que se trata de una “muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua”.
En ese sentido, sostuvo que la santidad no puede medirse mediante cifras ni cálculos, porque su verdadero alcance se encuentra en las acciones de amor que las personas dejan a su alrededor. “Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene”, afirmó.
León XIV también se refirió a las bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo y describió a los santos como personas capaces de responder con mansedumbre frente a la violencia, practicar el perdón, buscar la justicia y mantener la fe incluso en situaciones de persecución.
Para el Pontífice, esas actitudes representan una respuesta concreta frente al egoísmo y las distintas formas de violencia que afectan a la sociedad.
Al profundizar su reflexión, destacó que los gestos de solidaridad y las decisiones inspiradas en el amor pueden superar la lógica de la codicia y la fuerza del mal, incluso cuando este parece imponerse. “Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos y llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”, manifestó.
Antes de concluir la reflexión dominical, León XIV invocó la intercesión de la Virgen María para que los cristianos mantengan su compromiso con la construcción de la paz, tanto frente a los grandes conflictos internacionales como en las situaciones habituales de la vida.
Pidió que los fieles no se cansen de trabajar por la reconciliación y la convivencia, recordando que la paz también se construye a través de las decisiones cotidianas.

Un llamado por la paz y la solidaridad internacional
Después del rezo del Ángelus, el Papa dedicó parte de su mensaje a distintos acontecimientos internacionales y religiosos.
En primer lugar, recordó la beatificación de Pedro de Corpa y cuatro compañeros de la Orden de los Frailes Menores, celebrada el sábado 31 de octubre en Savannah, Georgia, Estados Unidos. Los religiosos, originarios de España, fueron asesinados en 1597 por odio a la fe mientras desarrollaban su misión evangelizadora en América.
León XIV destacó su entrega y pidió su intercesión por todos los misioneros que anuncian el Evangelio en diferentes partes del mundo.
También se refirió a una reciente acción humanitaria destinada a la población civil de Oleshky, una ciudad de Ucrania afectada por la guerra. El Pontífice valoró la colaboración que permitió concretar la iniciativa y expresó su deseo de que ese gesto contribuya a abrir nuevos caminos de diálogo. “Espero que la colaboración entre las partes, que hizo posible este necesario gesto de humanidad, haga crecer la voluntad de diálogo y conduzca a nuevas iniciativas concretas de paz”, señaló.
En esa misma línea, encomendó a la Virgen María, Reina de la Paz, a todas las personas que sufren las consecuencias de los conflictos armados en el mundo.
El Papa también saludó a los participantes de los Juegos Olímpicos de la Juventud que se desarrollan en Dakar, Senegal, desde el 31 de octubre hasta el 13 de noviembre. Destacó que se trata del primer acontecimiento olímpico organizado en el continente africano y valoró las actividades educativas y culturales que acompañan las competencias deportivas. “¡He aquí nuevamente un signo de esperanza que viene del mundo del deporte!”, expresó al enviar su bendición a los jóvenes atletas.
Además, mencionó la iniciativa denominada Misión con los Pobres, organizada por los Frailes Menores en Roma entre el 8 y el 15 de noviembre. Reconoció el trabajo de la comunidad franciscana por colocar a las personas más vulnerables en el centro de sus actividades y agradeció la colaboración de las instituciones civiles y las fuerzas de seguridad.
Durante los saludos finales, León XIV recibió especialmente a los fieles de la Iglesia siro-malabar y destacó el crecimiento de sus comunidades en Europa. También saludó a peregrinos italianos y a los participantes de la Carrera de los Santos, organizada por las Misiones Don Bosco.
En la víspera de la conmemoración de los Fieles Difuntos, anunció que este lunes 2 de noviembre celebrará una misa en el cementerio del Verano, en Roma, e invitó a rezar especialmente por quienes han fallecido y ya no tienen a nadie que los recuerde.
El Ángelus de este domingo tuvo lugar en la antesala del viaje apostólico que León XIV tiene previsto realizar a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre. La gira fue ratificada por la Santa Sede después de que los médicos confirmaran la evolución favorable del Pontífice tras la intervención quirúrgica a la que fue sometido en octubre.
Aunque durante el Ángelus no hizo referencias específicas a su próxima visita a Sudamérica, sus palabras sobre la fraternidad, la solidaridad y la construcción de la paz se vinculan con los ejes pastorales que el Vaticano ha señalado para ese recorrido.
A pocos días de regresar al continente americano, León XIV dejó una reflexión sobre el valor de las pequeñas acciones y la responsabilidad de cada persona en la construcción de una sociedad más justa.