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AMBIENTE Y PLANIFICACIÓN URBANA

El Gran Tucumán registra diferencias térmicas de hasta 7,4 grados según la cobertura vegetal

Un exhaustivo análisis basado en 73 imágenes satelitales, detectó nueve grandes focos de calor urbano. El estudio advierte sobre la desigual distribución del arbolado y la necesidad de coordinar políticas entre municipios.

PorTendencia de noticias
23 oct, 2026 12:47 p. m. Actualizado: 23 oct, 2026 12:47 p. m. AR
El Gran Tucumán registra diferencias térmicas de hasta 7,4 grados según la cobertura vegetal

Imagen a modo ilustrativa realizada con IA.

La presencia de árboles y espacios verdes en las grandes ciudades no solo define el paisaje urbano: también influye en la temperatura, las condiciones ambientales y la calidad de vida de quienes transitan y habitan esos espacios. En el Gran San Miguel de Tucumán, donde más de un millón de personas comparten un continuo urbano que atraviesa seis municipios, contar con calles arboladas, plazas y corredores verdes puede marcar una diferencia en la exposición al calor durante el verano. Un análisis realizado por Juan Martín de Chazal, coordinador de +COMUNIDAD, iniciativa de la Red de Innovación Local (RIL), determinó que la temperatura de superficie puede variar hasta 7,4 °C entre las áreas urbanizadas con mayor y menor cobertura vegetal. Tendencia de Noticias tuvo acceso al informe, que también identificó nueve focos de calor que superan los 47 °C y planteó la necesidad de planificar el arbolado con criterios comunes para toda el área metropolitana.


La investigación, titulada “Plantar donde hace falta: el desafío de llevar sombra a las zonas más calientes del Gran San Miguel de Tucumán”, se desarrolló en el marco del Laboratorio de Periodismo RedLab de FOPEA y Google News Initiative. Para elaborar el diagnóstico se procesaron 73 imágenes satelitales correspondientes a los últimos tres veranos, con el objetivo de comparar la distribución de la vegetación y las temperaturas registradas en el territorio.


Los resultados muestran que la relación entre ambos factores es estrecha: las áreas con menor presencia de vegetación tienden a registrar temperaturas superficiales más elevadas. El informe señala que esta asociación estadística explica casi el 80% de la variación térmica observada en el área urbana analizada.


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El relevamiento detectó nueve sectores donde la temperatura de superficie supera los 47 °C en áreas continuas de al menos 20 hectáreas. El más extenso abarca más de 880 hectáreas en el centro de San Miguel de Tucumán y su prolongación hacia el este. Según el estudio, ese sector concentra el 72% de la superficie caliente identificada.


Los focos más relevantes se distribuyen entre San Miguel de Tucumán, Las Talitas y Banda del Río Salí. El análisis también encontró que la diferencia térmica persiste cuando se excluyen las zonas más elevadas del pedemonte, donde la altitud y la vegetación de las yungas contribuyen naturalmente a moderar las temperaturas.


Para realizar la medición se utilizaron imágenes de los satélites Landsat 8 y 9, operados por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos. Los registros corresponden a los meses comprendidos entre diciembre y marzo de las temporadas 2023-2024, 2024-2025 y 2025-2026, y fueron procesados mediante Google Earth Engine. El procedimiento incluyó el cálculo del Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI), que permite estimar la presencia de vegetación viva a partir de la luz reflejada por las plantas. El indicador contempla árboles, pastos y cultivos, por lo que mide la cobertura vegetal en general y no exclusivamente el arbolado urbano.


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El informe aclara que las temperaturas relevadas corresponden a la superficie —techos, pavimentos, suelos y vegetación— y no directamente al aire que respiran las personas. Consultado para el trabajo, Ezequiel Aráoz, doctor en Ciencias Biológicas, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología Regional y docente de Ecología del Paisaje, estimó que una brecha de siete grados en la superficie podría equivaler a una diferencia de entre tres y cinco grados en la temperatura del aire.


Los árboles como reguladores del calor


El efecto de la vegetación no se limita a la sombra que proyecta sobre veredas y calles. Los árboles también contribuyen a reducir la temperatura mediante la evapotranspiración, un proceso por el cual las plantas liberan agua en forma de vapor. “Los árboles esencialmente son máquinas enfriadoras. Aparte de hacer sombras, son máquinas enfriadoras por el cambio del estado del agua”, explicó Aráoz.


El especialista señaló que el enfriamiento producido bajo las copas puede ser mayor que el que se observa en las mediciones satelitales. La continuidad de la sombra y el tamaño de los árboles también son factores relevantes: los ejemplares aislados no ofrecen el mismo efecto que una cobertura vegetal extendida, mientras que las plantaciones recientes necesitan años para desarrollar copas capaces de brindar una protección significativa.


El análisis comparó sectores urbanos agrupados según su cobertura vegetal y encontró descensos de temperatura de 1,5, 3 y 3,1 grados entre las franjas analizadas. El patrón sugiere que el efecto de enfriamiento aumenta en las áreas con mayor presencia de verde, aunque la investigación no establece una cantidad específica de árboles que garantice una reducción determinada. Aráoz también advirtió que la sombra más influyente para una persona es la que encuentra en su entorno inmediato. “El árbol de proximidad es lo que más te influye en regular la temperatura. No es el árbol que está a 200 metros”, sostuvo.


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Aunque el mapa térmico permite reconocer dónde se concentra el calor, no alcanza por sí solo para determinar qué población tiene mayores dificultades para enfrentarlo. El informe advierte que un mismo sector puede incluir viviendas de distintos niveles socioeconómicos y personas con tiempos de exposición muy diferentes.


En el centro de San Miguel de Tucumán predominan las superficies construidas y pavimentadas, con menor espacio disponible para árboles. En Yerba Buena, en cambio, las viviendas con jardines y la proximidad al pedemonte configuran sectores con mayor cobertura vegetal. En Tafí Viejo, los espacios libres dentro de las manzanas también cumplen una función importante. “Una parte muy importante de la cobertura vegetal se encuentra dentro de lotes, barrios privados y otras propiedades particulares”, explicó Santiago Gibilisco, subdirector de Ambiente de Yerba Buena.


En Tafí Viejo, un relevamiento satelital municipal contabilizó 46.532 árboles, cerca de la mitad ubicados en los centros de manzana. La arquitecta Agostina Rossini, asesora urbanística del municipio, describió esos espacios como “pulmones verdes” y vinculó su presencia con un tejido urbano de menor altura y la conservación de patios en las viviendas. Rossini señaló, además, que el crecimiento de los barrios cerrados sobre antiguas áreas de plantaciones de citrus llevó al municipio a actualizar sus herramientas de planificación. El Código Urbano Ambiental y de Edificación, aprobado mediante la Ordenanza 135/2023, incorpora “estrategias para la mitigación de emisiones de dióxido de carbono derivadas de la extensión urbana”.


La dimensión social requiere, según el informe, cruzar la información térmica con datos sobre vivienda, ingresos y exposición al calor. Facundo Cabral, director de la Fundación Ibatín, indicó que los relevamientos de esa organización detectan población vulnerable en sectores con menos árboles y espacios verdes. Sin embargo, el estudio aclara que todavía se necesita una investigación específica para establecer con precisión la superposición entre los focos de calor y los barrios populares.


Los censos de arbolado y la planificación municipal


El diagnóstico también examinó las herramientas que utilizan los gobiernos locales para identificar los lugares donde hace falta plantar. Yerba Buena fue el primer municipio del área metropolitana en realizar un censo de arbolado: entre 2022 y 2023 contabilizó 33.230 ejemplares y localizó sectores con faltantes. Gibilisco destacó que ese relevamiento permitió establecer prioridades y orientar la reposición de árboles. “El censo permitió dejar atrás la lógica de ‘plantar donde se puede’ para avanzar hacia la planificación de ‘plantar donde hace falta y con la especie adecuada'”, afirmó.


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En San Miguel de Tucumán, el primer censo de arbolado concluyó en marzo de 2026, después de 15 meses de trabajo. Los resultados iniciales identificaron más de 142.000 árboles y al menos 22.540 puntos potenciales para nuevas plantaciones. Juan Pablo Juliá, doctor en Biología de la Universidad Nacional de Tucumán y responsable de coordinar el equipo de censistas, advirtió que cada ubicación debe evaluarse de manera individual, ya que la presencia de cañerías, cables subterráneos o veredas angostas puede impedir la plantación.


El relevamiento también expuso diferencias importantes entre sectores de la ciudad en cuanto a cantidad y calidad del arbolado. Para Juliá, esa distribución desigual constituye un problema central, porque la cifra total de ejemplares no refleja necesariamente las condiciones de sombra que existen en cada barrio. Desde la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Capital, Julieta Migliavacca explicó que la selección de los lugares de plantación se basa actualmente en la compatibilidad con la infraestructura urbana. “Por el momento, la temperatura o el nivel de insolación no constituye por sí solo un criterio determinante para definir dónde plantar”, precisó. La funcionaria señaló que trabajan en identificar áreas con mayor impermeabilización del suelo y menor disponibilidad de sombra para cruzar esos datos con los espacios donde es posible incorporar nuevos ejemplares.


En Banda del Río Salí, el relevamiento de 280 microbasurales permitió advertir la escasa cobertura arbórea en distintos sectores. A partir de ese diagnóstico se puso en marcha el programa Banda en Verde, que combina forestación, entrega de árboles a vecinos, recuperación de espacios degradados y un proyecto de bosque escuela. El municipio informó que distribuyó 1.050 árboles desde el lanzamiento de la iniciativa y que realiza un seguimiento de los plantines mediante registros, consultas vecinales y visitas periódicas. En Tafí Viejo, por su parte, el municipio produce especies nativas en su vivero y mantiene desde 2018 el objetivo de plantar 10.000 árboles por año. Las Talitas lanzó en abril de 2026 su Programa Municipal de Arbolado Urbano, que comenzó con tareas de forestación en la avenida Circunvalación.


El espacio público y las normas urbanas


Uno de los obstáculos que identifica el informe es la falta de espacio adecuado para que los árboles crezcan. Las veredas completamente cementadas, las cazuelas reducidas y las intervenciones que limitan el acceso del agua a las raíces dificultan la supervivencia de los ejemplares.


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Gibilisco planteó que el arbolado debe contemplarse desde la planificación de las obras y no como una incorporación posterior. “Una ciudad que impermeabiliza completamente sus veredas puede tener muchas dificultades para recuperar posteriormente el arbolado. Por eso, el espacio para el árbol debe ser considerado desde el diseño urbano y no como algo que se intenta incorporar después”, sostuvo. Las normas de construcción también pueden incidir en la disponibilidad futura de vegetación. En la Capital se debaten criterios para integrar árboles y espacios verdes desde el diseño de nuevas urbanizaciones. En Tafí Viejo, la normativa incorpora el Factor de Impermeabilización del Suelo, una herramienta destinada a limitar la proporción de superficies que impiden la absorción del agua.


El informe advierte que la aplicación de estas disposiciones requiere controles sostenidos para verificar que las obras respeten lo declarado y que las modificaciones posteriores no reduzcan el espacio permeable reservado.


El Gran San Miguel de Tucumán está integrado por San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Tafí Viejo, Las Talitas, Banda del Río Salí y Alderetes, además de comunas rurales. Aunque la continuidad urbana atraviesa los límites administrativos, las políticas de arbolado se diseñan y ejecutan principalmente desde cada municipio. “El principal problema es que tenemos un fenómeno territorialmente integrado y una respuesta institucional fragmentada”, afirmó Cabral, de la Fundación Ibatín. Como alternativa, propuso conformar una mesa permanente con participación de municipios, provincia, comunas y actores técnicos y sociales para elaborar diagnósticos y proyectos compartidos.


El informe recoge experiencias de intercambio entre gobiernos locales, aunque señala que todavía no existe una estrategia metropolitana consolidada para el arbolado. Entre las herramientas posibles aparecen una cartografía común, criterios compatibles para realizar censos y seleccionar especies, y la planificación de corredores verdes que conecten distintos sectores urbanos.


Desde la Capital, Migliavacca mencionó experiencias de articulación con Yerba Buena y Tafí Viejo para mapear árboles, islas de calor y posibles corredores entre ciudades. En Banda del Río Salí, en tanto, el secretario de Gobierno, Sebastián Luna, señaló que el municipio no cuenta actualmente con acuerdos formales en esta materia, aunque mencionó la proyección de un programa intermunicipal.


Plantar también implica cuidar


El documento plantea que las políticas de forestación deben evaluarse no solo por la cantidad de ejemplares plantados, sino también por su supervivencia a lo largo del tiempo. Juliá propuso registrar “cuántos sobreviven al cabo de un año, cuántos sobreviven a los 3, a los 5, a los 10 años”. El seguimiento permitiría identificar dónde es necesario reponer árboles y qué condiciones favorecen su crecimiento. La participación de los vecinos en la selección de especies y el cuidado posterior también aparece como una herramienta para sostener las plantaciones y reducir daños.


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Mientras los nuevos ejemplares desarrollan sus copas, el estudio menciona otras alternativas para moderar el calor urbano. Aráoz destacó el uso de superficies claras, como techos blancos, para reflejar una mayor proporción de radiación solar. Definió el aumento del albedo —la fracción de luz que una superficie devuelve hacia la atmósfera— como “una medida excelente y de efecto inmediato”. El investigador también planteó estudiar la circulación de los vientos, la humedad y la posibilidad de desarrollar franjas de bosque en las periferias para favorecer el movimiento del aire. Según explicó, materiales como el hormigón, el cemento, el hierro y el vidrio absorben calor y lo liberan lentamente, lo que contribuye a elevar las temperaturas urbanas.


El estudio concluye que reducir la exposición al calor requiere combinar la plantación de árboles con el cuidado del arbolado existente, la protección de los suelos permeables y una planificación urbana que reserve espacio para la vegetación. En un aglomerado que funciona como una sola ciudad, pero se administra desde distintas jurisdicciones, la coordinación metropolitana aparece como una herramienta para orientar las intervenciones hacia los sectores donde la sombra resulta más necesaria.


La investigación establece una asociación estadística entre la cobertura vegetal y la temperatura superficial, pero no demuestra por sí sola que el arbolado explique todos los contrastes térmicos. El informe también señala que las imágenes satelitales no distinguen entre vegetación pública y privada ni permiten medir directamente la sombra disponible sobre cada vereda. La resolución de los registros térmicos permite identificar patrones a escala barrial, aunque presenta limitaciones para analizar puntos específicos. Por eso, los resultados funcionan como una base para orientar nuevas investigaciones y decisiones de planificación, sin reemplazar los relevamientos territoriales ni los estudios sobre las condiciones sociales de la población.

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