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A tres años de la búsqueda y el hallazgo de los restos de Benjamín Gutiérrez, comenzará en Tribunales el juicio oral y público contra sus padres por el homicidio del bebé que, se estima, tenía tres años cuando murió. Además, están acusados de golpear y torturar a sus otros hijos, incluido un bebé que terminó muriendo en 2018. El debate comenzará el 24 de noviembre.
Benja era el menor de tres hijos de la familia compuesta por los jefes de familia Jorge Lucero y Romina Gutiérrez, además de los hermanos María, de cinco años y Pedro, de nueve (ambos nombres son ficticios para resguardar la intimidad de los sobrevivientes). El bebé dejó de ser visto por sus abuelas a mediados de 2022 y, a finales de ese año, su hermano mayor logró contar que estaba muerto y lo había asesinado su propio padre. Tras un largo peregrinar, las abuelas consiguieron rescatar a los dos menores sobrevivientes y encontrar el sitio donde había sido enterrado el bebé.

Lucero ya confesó los hechos y aceptó la pena de prisión perpetua en un juicio abreviado que se presentó en junio de este año y que no fue aceptado por el tribunal compuesto por los jueces Sergio Altamirano, Enrique Cacici y Fabián Rojas. El rechazo fue porque incluía una cláusula de revisión de la pena a los 25 años de cumplimiento, punto que ese tribunal no podía resolver.
En aquella oportunidad, admitió que mató a Benja de un ladrillazo en la cabeza y castigó con látigos, hierros y machetes a los otros dos. Además, reconoció que en 2018 maltrató a su bebé de 11 meses, Rodrigo, que terminó muriendo por broncoaspiración. Sin embargo, esa confesión no podrá ser usada como prueba en el juicio que comenzará dentro de un mes. Lucero podría declararse inocente.
Romina no reconoció su culpabilidad y dijo que fue su marido quien mató al niño y la amenazó a ella para que no lo delate. La estrategia de su defensa, se estima, se basará en que ella misma era víctima de Lucero.
En febrero de 2023, las abuelas materna y paterna del pequeño denunciaron en Tribunales que Benja y sus dos hermanos eran maltratados por sus propios hijos, padres de los menores. La Justicia ordenó rescatar a los tres niños, pero cuando las autoridades llegaron a la casa en que vivían, en Atahona, sólo encontraron a dos: María y Pedro.

Romina, la madre de los pequeños, negó la existencia de Benja. “Quiero mencionar que no tengo, ni tuve ningún hijo de nombre Gutiérrez Benjamín; es más, después de que la tuve a mi hija menor (...), yo me ligué las trompas y no puedo tener más hijos; la verdad es que desconozco de dónde saca semejante mentira…”, declaró ella, en referencia a la denuncia de las abuelas. Lucero, que estaba detenido por violencia de género, también aseguró que nunca había tenido un hijo con ese nombre.
La justicia entonces pidió informes al Registro Civil, Anses, Siprosa y la Maternidad, que corroboraron que Benjamín, efectivamente, existía. Las abuelas, además, informaron que desde hacía varios meses no lo veían y que, cada vez que preguntaban por él, la madre les enviaba la misma foto, como si el niño no creciera.
Finalmente, tras varios días de silencio, Pedro contó a su familia que Benja había muerto, asesinado por su propio padre. Las abuelas hicieron la denuncia correspondiente el 20 de febrero. Un mes después, no se había realizado ningún rastrillaje, allanamiento ni medida para dar con él.
Varios periodistas, enterados de la desaparición, iniciaron una campaña en redes sociales para exigir que el Estado lo busque. Así, el 27 de marzo, finalmente la Policía halló los restos del menor.
Lucero, que estaba preso por otra causa, fue atacado por los demás detenidos de la comisaría al enterarse de que probablemente había matado a un bebé. Así, accedió a contar lo que hizo y revelar dónde había enterrado el cuerpo.
Fue conducido hasta la casa en que vivía la familia vestido de Policía, para no alertar a la prensa que esperaba en el lugar. Allí, Lucero indicó dónde estaban los restos. Benja llevaba muerto varios meses, aunque nunca se estableció la fecha exacta en que lo mataron.
La autopsia que se hizo sobre los restos hallados arrojó un resultado macabro. Benja había muerto por un golpe en la cabeza, pero tenía lesiones de vieja data. Entre ellas, una pierna quebrada que había soldado sola, sin intervención médica y tres costillas fracturadas.
En tanto, los peritajes médicos realizados a los dos niños sobrevivientes revelaron golpes en distintas partes del cuerpo, infringidos con “hierros, botellas, machetes, látigos fabricados de caña, tira de goma y también mediante golpe de puños”.
Mediante las declaraciones de los pequeños en Cámara Gesell se logró reconstruir cómo murió el bebé, aunque no cuándo. En alguna fecha entre julio y diciembre de 2023, Lucero se enojó con el pequeño porque estaba arreglando el techo y le pidió que le alcance un bloque de cemento. Como Benja no pudo, Lucero bajó de la escalera, tomó el bloque y le dio un solo golpe en la cabeza.
Antes de que Benja naciera, el matrimonio había tenido otro hijo: Rodrigo, muerto a los 11 meses en 2018 por una broncoaspiración. El caso llamó la atención de los médicos del hospital de Simoca, por las lesiones que presentaba, pero la justicia no investigó.
Con la muerte de Benja, se reabrió la investigación por el fallecimiento de su hermano cinco años antes y se concluyó que el bebé había sido brutalmente maltratado y, por la falta de asistencia médica, se broncoaspiró.