
En la Argentina, el impacto del cáncer de ovario representa una preocupación central para la salud pública, registrándose aproximadamente 2.300 nuevos diagnósticos cada año. Según un reporte de la agencia Noticias Argentinas (NA), la mayor complejidad de este cuadro radica en su detección tardía, ya que el 70% de las pacientes recibe la noticia cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas. Esta realidad lo convierte en el tumor ginecológico con la tasa de mortalidad más alta en el territorio nacional, debido fundamentalmente a que sus señales iniciales suelen ser difusas y fáciles de ignorar por las pacientes.
Conocido en el ámbito médico como el “enemigo silencioso”, este tipo de cáncer no suele manifestar dolor en su fase inicial, lo que demora la búsqueda de ayuda profesional. La Dra. Valeria Valko advierte que es fundamental prestar atención a síntomas persistentes como la hinchazón abdominal constante, la saciedad rápida al comer, la necesidad frecuente de orinar o un dolor pélvico que no desaparece. A diferencia de un malestar digestivo pasajero, estas alertas corporales no ceden con el tiempo, y es precisamente esa permanencia la que debe motivar una consulta ginecológica inmediata para descartar anomalías.
El factor genético juega un rol determinante en el desarrollo de esta patología, por lo que el conocimiento de la historia familiar es vital. Los antecedentes directos de cáncer de ovario, mama o colon, vinculados especialmente a las mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2, exigen que las mujeres mantengan un seguimiento médico mucho más estrecho y personalizado. Otros elementos de riesgo a considerar incluyen la menopausia, el no haber tenido hijos o haber cursado el primer embarazo después de los 35 años, factores que incrementan la carga de ovulaciones a lo largo de la vida.
Debido a que actualmente no existe un examen de rutina masivo similar al PAP que garantice una detección precoz para este órgano, la mejor defensa sigue siendo el control ginecológico anual. Herramientas como la ecografía transvaginal y el análisis de marcadores tumorales en sangre son los pilares fundamentales para actuar de manera oportuna ante cualquier sospecha. Priorizar estos chequeos periódicos y mantener hábitos saludables permite ganar un tiempo valioso, una estrategia que, es capaz de salvar miles de vidas.