
"Hoy no puedo ordenar esto, es inentendible". Leticia Nieva, hija de Paulina Lebbos, definió de esta manera los sentimientos que le provocó la sentencia que ayer absolvió a su padre biológico, César Soto, por el homicidio de su madre.
Lo hizo mediante un poema que publicó en la red social Instagram, que acompañó con una foto de ambas cuando ella era apenas una niña. En el texto, cuestionó con dureza la inacción de la Justicia y agregó tres preguntas: "¿Quién fue? ¿A quién protegen? ¿Por qué ella?
La joven tiene hoy 25 años y vive en el sur del país, bajo otro apellido: el de su madre adoptiva, una docente en quien encontró contención en su adolescencia. Si bien fue querellante en el tercer "juicio Lebbos", contra el fiscal Carlos Albaca; decidió no presentarse en el cuarto, que concluyó ayer, por lo que el puesto de la querella quedó vacío.

Sin embargo, siguió de cerca las noticias sobre el proceso, en el que su progenitor estuvo sentado en el banquillo de los acusados. Cerca de la medianoche de ayer, publicó el siguiente poema:

Hay días en que el cuerpo no entra en sí mismo
No por sorpresa,
sino por la confirmación
Por ese momento en el que algo se nombra
y, aun así, no cierra nada
El cuerpo lo sabe antes...
Se endurece. Respira corto
Como si tuviera que prepararse para algo
que en realidad ya pasó,
pero sigue pasando
A mi mamá la asesinaron
Y el estado dicidió no saber quién fue.
Y hoy, otra vez,
eso quedó sin respuesta
No alcanza con decirlo
No alcanza con que exista un fallo,
una decisión,
un cierre escrito
El cuerpo no entiende de eso
el sistema nervioso no archiva
Queda todo
La pregunta
la bronca
la sensación de injusticia que no baja
Queda esa certeza incómoda
no buscaron hasta el final
no investigaron, destrozaron las pruebas
Y entonces todo vuelve al cuerpo
A esta mezcla de enojo y tristeza
que no tiene un lugar claro donde ir
No es solo lo que pasó
Es lo que sigue pasando
La vida de una mujer vale menos,
su muerte se diluye en expedientes,
su historia se fragmenta, se desgasta,
se abandona
Es tener que convivir con algo que no cierra,
que vuelve una y otra vez a lo mismo,
que no termina,
que no tiene respuesta.
Es vivir con dos ausencias l
a de mi mamá
y la de la verdad
Y el cuerpo lo registra todo.
En la tensión. En el cansancio
En las ganas de desaparecer un rato
En la imposibilidad de seguir como si nada
No hay enseñanza acá
No hay consuelo
"aprender" con ausencias y con la forma
en que la vaciaron de sentido
Hoy no puedo ordenar esto
es inentendible
Solo puedo decirlo así
me duele,
me enoja,
el cuerpo no se adapta a la impunidad.
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