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No hay manera de describir la montaña rusa de lo que estamos viviendo. Un texto similar para un Mundial que está teniendo el guion macabro jamás visto: sufrir, gritar y respirar. Lo de Argentina es una película irrepetible para cualquier otra selección, nadie tiene la estirpe de coquetear con la parca tantas veces. Y eso en la estructura orgánica del argentino está instalado, luchando cada día en contra de la adversidad, un pantano diario que desgasta hasta el más cuerdo pero que cualquier ser albiceleste se acostumbró a vivir. Y ahi sale el espíritu competitivo que se ve en los potreros, en los torneos de barrio, en inferiores o en la plaza con amigos de distintas edades. En este país, estamos acostumbrados a que lo lógico no ocurra y que lo inverosímil tome forma.
La noche sabatina prometía tener emociones: en familia, en un bar, en algunos que les tocaba trabajar y otros que tenían que viajar. Todos iban a estar prendido en una instancia donde los nervios se acrecenten ya que la zanahoria está tan cerca y tan lejos a la vez. Y mientras algunos acomodan la picada, llega el primer grito sagrado con una fórmula que nos dio mucho en este Mundial como la pelota parada: La pegada exquisita del 10 y la cabeza del nuevo pelado Mac Allister, demostrando una faceta inédita para el volante de gran juego. Agarró a todos por sorpresa teniendo en cuenta que la mayoria de los goles albicelestes llega después del cooling break (o segundo período, como le gusta a los yankees y sus deportes). Al fin un encuentro sin sufrir, sin esperar la aparición del milagro, de que aparezca el campeón del mundo ¿no? Nada más lejos que la realidad.
Argentina se prende y se apaga. Por largo rato. El viento sopla a favor de los suizos y la Scaloneta mira, es espectadora de lujo de los pases estériles de los europeos que no rompen el esquema. El tema es que el fútbol hasta el más sobrio se vuelve atrevido si se animan, porque es un deporte de estímulos, donde en cancha pueden aparecer falsos valientes. Y es que los helveticos no tienen problemas en su sociedad, economía, política ni neutralidad al mundo. La tibieza como forma de Estado. El problema es que la sangre empieza a correr y transforma el reloj suizo en una máquina, con mucha ayuda de Argentina, claro. Un gol que se veía desde la Luna que iba a venir. Otra vez a remar, y eso que no somos noruegos.

La picardía argentina es algo que se habla siempre a la hora de creernos los innovadores en la materia futbolística, pero son sobradas muestras que clarifican que el jugador albiceleste es una estirpe diferente a la hora de entender el reglamento y navegar en sus lagunas. Lo de Embolo, en un país de la honestidad y "transparencia" no tiene sentido, donde la simulación ejerce el peor de los castigos para Suiza que estaba mejor parado y estaba haciendo figura a Emiliano Martínez. El arquero marplatense apareció en la Copa del Mundo, y bienvenido sea. Nos querían hacer creer que el "Dibu" no había ido. Ilusos.
El tablero vuelve a girar por la inercia de la ventaja númerica. Argentina la tiene, la sostiene, la entretiene, pero no lastima. Messi y el equipo sienten el desgaste y el cansancio de tantas batallas épicas. Y se cambian los laterales, y entrá el atrevido de Almada pero a medias, y ahora doble 9 con Lautaro, e incluso triple con el ingreso del "Flaco" López. Scaloni quema los papeles porque sabe que lo puede llevar, el tema es que los circuitos están un poco quemados y la electricidad no circula en la posesión. Todo lento y predecible.
Amigarse con la pelota es construir desde la confianza de la tenencia. Una relación se va agigantando con las horas, con las miradas, con los afectos y los gestos. Argentina viva en la ambivalencia de su medio campo, el gen celeste y blanco del potrero y hacerse cargo, con la nobleza estilizada de los dos toques y la europeización. Una contradicción que marca el desempeño de los encargados de generar juego. Y ahí aparece un hombre correntino, que jugó la cuarta categoría del fútbol nacional, y que suele tener grandes noches de Copa Libertadores. La recibe en el área rodeado de tres. No la suelta, atrae como un foco a los bichos de luz y libera a la Bestia de Calchín, al superhéroe de los argentinos. La Araña apunta y pica, cerca de donde duermen sus pares. El tercero llega de un contragolpe y que el Toro también grite gol, nos llena de esperanza para que los 9 estén dulces.

Les juro que intentó no ser apático, y no lo seré. Argentina no juega bien, pero lo suple con el alma y corazón de un campeón. Con la jerarquía y la experiencia en momentos puntuales. Al fin apareció alguien más que no sea Messi y se agradece. Y esto toma mucha más vigencia cuando escucha al entrenador, y pone el factor humano por encima de todo. Ahora, con todo el trasfondo del partido que se viene, dame la primera líneahoplítica de la Scaloneta. Esa que le ganó a Brasil en el Maracaná, a Italia en Wembley, a Francia en Lusail y a Colombia en Miami. Damelos, que tienen las cicatrices para afrontar la batalla. Estamos entre los cuatro mejores, y no podemos no soñar. Lo futbolístico ya no importa. Estoy seguro que el argentino, solo quiere robarle otro gol a un ladrón...
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