
El sistema de salud nacional se encuentra frente a un desafío crítico debido a la considerable disminución en las tasas de inmunización pediátrica y juvenil. Según un informe detallado al que tuvo acceso la agencia Noticias Argentinas (NA), elaborado recientemente por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), las coberturas del Calendario Nacional muestran desde 2018 valores alarmantemente por debajo del umbral del 95% necesario para garantizar la inmunidad colectiva. Las cifras oficiales revelan que, entre 2022 y 2024, cerca de 1,7 millones de niños en la Argentina no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad, agravándose el escenario en los refuerzos de la segunda infancia y la adolescencia.
El impacto de estas bajas coberturas se refleja crudamente en las estadísticas actuales. Por ejemplo, el refuerzo de la vacuna triple viral, esencial para prevenir el sarampión, la rubéola y las paperas, apenas alcanzó un escaso 46,7% en menores de cinco años, mientras que la protección contra la poliomielitis en esa misma franja etaria se desplomó al 47,6%. En el caso de los adolescentes, la inoculación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), fundamental para evitar distintos tipos de cáncer, llegó en 2024 a un limitado 55,5% en mujeres y un 50,9% en varones. Esta situación debilita drásticamente la protección indirecta de toda la sociedad, dejando sumamente expuestos a los bebés pequeños y a quienes poseen sistemas inmunológicos comprometidos.
Frente a este frágil panorama, la Dra. Valeria El Haj remarcó la importancia histórica de la inoculación: “Durante los últimos 50 años, esta herramienta de salud pública ha salvado más de 150 millones de vidas, transformando enfermedades antes mortales en prevenibles”. Además, los especialistas se ven obligados a librar una dura batalla contra la desinformación digital, aclarando que la ciencia es contundente al desmentir mitos infundados , como el supuesto vínculo con el autismo o la implantación de microchips, y confirmando que las fórmulas pasan por estrictos años de pruebas para garantizar su absoluta seguridad, eficacia y que no generan ninguna sobrecarga inmunológica al aplicarse en conjunto.
Pese a la circulación de noticias falsas, el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born indica que la Argentina conserva niveles de confianza cercanos al 86%. El verdadero problema radica en una reticencia multicausal fomentada por las redes sociales, combinada con severas barreras logísticas de acceso, tales como los horarios restringidos en los vacunatorios, las grandes distancias a los centros de salud y las dificultades laborales de los padres. A esto se le suma una peligrosa subestimación del riesgo por parte de la población, producto del propio éxito histórico de las campañas sanitarias que lograron invisibilizar la letalidad de estas amenazas.