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El informe internacional PISA 2025 expuso un estancamiento en el rendimiento académico global y reconfiguró los paradigmas sobre las determinantes de la calidad educativa. Los datos revelaron que el volumen del Producto Bruto Interno (PBI) o la inversión bruta por estudiante no aseguran resultados superiores, priorizando la eficacia en la asignación presupuestaria por sobre la cuantía de los fondos gastados. En este contexto, la Argentina sobresalió en la región por sus niveles de resiliencia académica entre alumnos vulnerables. Asimismo, la medición aportó evidencia sobre el uso de dispositivos digitales, cuestionando tanto los excesos de tiempo frente a pantallas como la efectividad de las prohibiciones absolutas de teléfonos móviles en los establecimientos.
La medición de la OCDE evidencia que el PBI de una nación explica únicamente la mitad de las variaciones en el aprendizaje, dejando el resto en manos de las decisiones de política pública. Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la entidad, afirmó: "El mundo ya no está claramente dividido entre países ricos y con buena educación y pobres con mala".
El funcionario argumentó que existen naciones con escasez de recursos que logran progresos sustanciales: "Algunos de los países con los mejores avances no son ricos, están utilizando sus recursos excepcionalmente bien. Se pueden conseguir buenos resultados en contextos con escasez de recursos". En ese sentido, Schleicher puntualizó los casos de Costa Rica, El Salvador y Camboya como ejemplos de avances en las puntuaciones a pesar de contar con presupuestos acotados.

En cuanto a la eficiencia del financiamiento, el informe expone que la relación directa entre mayor gasto por alumno y mejores resultados en ciencias se interrumpe a partir del umbral de los US$ 85.000 acumulados por estudiante. Sobre este debate, el especialista en financiamiento educativo Alejandro Morduchowicz señaló al diario La Nación: "Si hay un incendio, nadie dirá que el agua no contribuirá a apagarlo, pero si solo se usa un balde, no se llegará lejos". Además, agregó: "Sobre lo que sí hay consenso es que, más allá de la cantidad, lo que hay que mirar bien es cómo se asigna y qué es lo que se hace con el dinero. Me pueden dar una gran suma para rediseñar y decorar mi casa, pero el resultado dependerá de la calidad de los materiales, de los buenos trabajadores que pueda atraer con lo que pague, y de mi buen gusto. Es un conjunto de cosas que deben confluir".
El informe registró un retroceso generalizado en la competencia lectora en tres de cada cuatro sistemas educativos evaluados entre 2018 y 2025. La caída más pronunciada se observó en los estudiantes pertenecientes al cuarto socioeconómico más elevado, lo que redujo en 11 puntos la brecha con los sectores de menores recursos en 35 países de la OCDE. Los análisis atribuyen este fenómeno a una pérdida de concentración derivada de la exposición prolongada a pantallas.
Resiliencia académica en la Argentina
En la dimensión de resiliencia académica —definida como la proporción de alumnos del 25% de menor nivel socioeconómico que alcanza el 25% superior de rendimiento nacional— la Argentina registró indicadores por encima del promedio de la OCDE:
Ciencias: 14,2% de estudiantes resilientes.
Lectura: 14,6% de estudiantes resilientes.
Matemática: 13,2% de estudiantes resilientes.

Respecto a este indicador, Ivana Templado, economista senior de FIEL, explicó: "El dato de resiliencia es importante, porque, dentro de resultados generales bastante malos, muestra que el origen socioeconómico no determina completamente el desempeño. En Pisa 2025, la Argentina tiene la mayor proporción de estudiantes resilientes de América Latina en Ciencias: entre quienes pertenecen al 25% de menor nivel socioeconómico, 14% logra ubicarse en el 25% de mejores resultados del país". Sin embargo, la especialista advirtió: "Lo leería con cierta cautela, porque resiliencia es una medida relativa. No significa que los alumnos vulnerables argentinos aprendan más que los vulnerables de Chile o Uruguay, sino que en Argentina hay más alumnos que logran escapar de la posición que su origen socioeconómico permitiría predecir".

El uso de dispositivos tecnológicos en la escuela arrojó un promedio de 1,7 horas diarias para fines de aprendizaje y 1,1 horas para ocio dentro de los países de la OCDE. El relevamiento determinó que la utilización moderada para tareas pedagógicas se correlaciona con un desempeño superior en ciencias en comparación con la ausencia total de uso o el uso intensivo. En contraposición, el uso recreativo superior a una hora diaria se vincula a rendimientos académicos más bajos.
Finalmente, el informe señala que las políticas de prohibición estricta de teléfonos móviles reducen las distracciones y el tiempo de ocio en el aula, pero no muestran un impacto directo en la mejora de las calificaciones en comparación con las escuelas que no aplican restricciones.