
La campaña de maíz transcurrió con mejores perspectivas que la anterior, aunque sobre el cierre comenzaron a observarse nuevamente casos de chicharrita en distintos lotes de Tucumán. Si bien la situación estuvo lejos de la epidemia de 2023/24 que provocó importantes pérdidas productivas, desde la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) advirtieron que la plaga sigue presente y que será necesario mantener las estrategias de manejo para reducir su impacto en las próximas campañas.
El coordinador del Programa Granos de la EEAOC, Augusto Casmuz, explicó que los primeros síntomas del complejo de enfermedades transmitidas por la chicharrita comenzaron a detectarse entre fines de febrero y marzo, cuando el cultivo venía mostrando una evolución favorable. "La campaña nos sorprendió porque el maíz venía bastante bien", señaló en diálogo con Tendencia de Noticias. Sin embargo, aclaró que en algunas zonas la mayor presión del insecto terminó afectando el rendimiento de los lotes.
Genética y manejo, las principales herramientas
Aunque la cosecha todavía continúa y el panorama definitivo recién se conocerá cuando concluya la trilla, prevista para mediados de agosto, Casmuz descartó que se repitan fuertes pérdidas registradas en campañas anteriores. Sin embargo, reconoció que en algunos sectores puntuales la incidencia fue mayor debido a la elevada presencia del vector y al uso de materiales más sensibles.
Según el especialista, uno de los principales aprendizajes que dejó esta campaña es la importancia de elegir híbridos con mayor tolerancia. Si bien aclaró que no existen materiales resistentes a la enfermedad, sostuvo que la genética disponible ofrece distintos niveles de comportamiento frente al problema. "No hay resistencia, sí hay tolerancia", remarcó, y recomendó que ese criterio sea uno de los principales factores al momento de planificar la próxima siembra.
Casmuz también indicó que el monitoreo permanente, el seguimiento de las poblaciones de chicharrita, la toma oportuna de decisiones para controlar el insecto cuando sea necesario y una adecuada nutrición del cultivo forman parte de un manejo integral. A ello se suma el comportamiento de las condiciones climáticas, ya que los inviernos con bajas temperaturas y las amplitudes térmicas durante la primavera contribuyen a disminuir las poblaciones del vector. Este año no se registraron heladas pronunciadas por lo que el vector no se vio amenazado.
En Tucumán, los mayores inconvenientes se registraron en focos aislados, principalmente en sectores del este provincial, como Burruyacú y Cruz Alta, donde la presión de la plaga fue superior y tuvo un mayor impacto sobre la productividad. Para el investigador, esas diferencias podrían explicarse por condiciones agrometeorológicas que favorecieron una mayor supervivencia del insecto durante el invierno.
De cara a la próxima campaña, la EEAOC prevé organizar una nueva jornada técnica sobre el cultivo de maíz, donde presentará los resultados de las evaluaciones realizadas sobre los distintos híbridos disponibles. El objetivo será brindar información que permita a los productores seleccionar materiales con mejor tolerancia y reducir el riesgo frente a una plaga que, según advirtió Casmuz, "es un problema endémico de la región" y continuará siendo un desafío para la producción maicera.