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Investigadores del INTA Salta obtuvieron nuevas poblaciones de chía capaces de completar su ciclo biológico aproximadamente 30 días antes que las variedades comerciales. El desarrollo busca facilitar el manejo del cultivo, reducir su exposición a condiciones adversas y ampliar las alternativas productivas para los agricultores.
El avance fue alcanzado mediante mutaciones inducidas, una técnica que genera cambios en el material genético de las plantas para seleccionar características de interés. En este caso, los investigadores identificaron ejemplares con menor sensibilidad al fotoperiodo, es decir, a la cantidad de horas de luz que reciben durante el día.
Esta modificación resulta importante porque la chía comercial depende fuertemente de la duración del día para comenzar su etapa reproductiva. Esa condición limita las fechas en las que puede sembrarse y obliga a los productores a concentrar la implantación principalmente durante febrero.
“Estas variedades se han obtenido a través de mutagénesis, ya sea de manera natural o inducida”, explicó Martín Acreche, investigador del INTA Salta. El especialista señaló que las nuevas plantas son prácticamente insensibles al fotoperiodo, lo que permite acortar su ciclo cerca de un mes respecto de los materiales utilizados actualmente.
Con este comportamiento, la ventana de siembra podría extenderse desde enero hasta fines de febrero. También se abre la posibilidad de implantar el cultivo durante septiembre u octubre, siempre que el suelo disponga de la humedad necesaria para garantizar la emergencia y el desarrollo de las plantas.
Menor exposición y más plantas por hectárea
Los ensayos realizados hasta el momento muestran que el manejo agronómico de estas poblaciones es similar al de la chía tradicional. Además, no se observaron diferencias importantes en el rendimiento, pese a que el cultivo completa su desarrollo en un período más breve.
La reducción del ciclo permite que las plantas permanezcan menos tiempo en el campo. De esa manera, disminuye la posibilidad de que la producción sea afectada por plagas, enfermedades, temperaturas extremas u otros fenómenos climáticos que puedan comprometer el rendimiento.
Otra característica es la menor altura de las plantas. Según el INTA, esta condición permitiría aumentar e incluso duplicar la densidad de siembra, es decir, colocar una mayor cantidad de ejemplares por hectárea. El objetivo es aprovechar mejor la superficie sin generar una competencia excesiva entre las plantas.
La investigación también apunta a comprobar si las mutaciones produjeron mejoras en la composición del grano. La chía contiene entre un 25 y un 38 % de aceite, con una proporción de omega-3 superior al 64 %, y posee entre un 19 y un 23 % de proteínas, niveles que superan a los de varios cereales tradicionales.
El próximo paso será analizar con mayor profundidad la calidad nutricional y el perfil de sus aceites. “De confirmarse estos resultados, la chía de ciclo corto podría posicionarse como una población clave para el futuro del cultivo en la región”, sostuvo Acreche. Antes de su incorporación a mayor escala, el desarrollo deberá continuar su evaluación para confirmar su comportamiento en diferentes ambientes y sistemas productivos.