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HISTORIAS DEL TERRITORIO

Cambió la ciudad por el campo y la última inundación le borró la cosecha

Julián Moreno es un pequeño productor rural que vive en Palominos, departamento Simoca. La creciente del río Gastona avanzó sobre sus hectáreas y perdió todo.

PorTendencia de noticias
25 mar, 2026 05:05 p. m. Actualizado: 25 mar, 2026 05:12 p. m. AR
Cambió la ciudad por el campo y la última inundación le borró la cosecha

En Palominos, una pequeña localidad del departamento Simoca, el agua llegó de noche. No hubo tiempo para anticiparse ni para organizarse. “Fue caótico porque no la esperábamos tan de golpe”, cuenta Julián Moreno, productor rural de 70 años que volvió al campo hace casi dos décadas después de vivir en Buenos Aires.


La creciente avanzó rápido, empujada por un arroyo sin cauce definido. “Se venía mucha agua. Mucha agua”, repite en diálogo con Tendencia de Noticias. Con ayuda de vecinos, alcanzó a levantar algunas cosas, pero el margen de reacción fue mínimo. La infraestructura precaria y la falta de obras profundas terminaron de agravar la situación. “Lo cavaron por partes, no han hecho un trabajo como corresponde”, sostiene sobre el arroyo conocido como Arroyo Muerto.


Moreno forma parte de un grupo de pequeños productores que trabajan extensiones reducidas, en muchos casos de no más de seis hectáreas. En su caso, apenas dos. Allí sembraba maíz, zapallo y sandía, combinando cultivos para sostener la alimentación de sus animales y generar un excedente para vender en la feria de Simoca. La lógica es simple: producir para no depender del mercado. Pero esta vez no alcanzó. “Se perdió todo. Únicamente quedó en pie la caña de azúcar”, resume.


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El corral de las ovejas ahora vacío.


El impacto no fue solo productivo. También alcanzó a los animales, que forman parte central del sustento familiar. “Las ovejas se murieron todas y las gallinas se murieron 40 más o menos”, detalla. La crecida nocturna dejó sin margen para reaccionar: “No te da tiempo a nada”.


Como otros productores de la zona, Moreno había sembrado cerca del río Gastona para aprovechar la humedad del suelo. Una decisión habitual que, esta vez, jugó en contra. “Todos nos confiamos por la humedad… y el río salió por todos lados y nos arrasó con todo”, explica. Desde entonces, no pudo volver a recorrer completamente sus campos. “Hace más de un mes que no puedo llegar. No sé qué voy a encontrar”, dice con la mirada desorientada.


Apenas se conoció el primer impacto de las inundaciones llegaron las ayudas del Gobierno provincial. El delegado comunal aportó víveres e insumos de limpieza. Además, desde el INTA Famaillá se comunicaron con los productores y anunciaron que llevarán semillas para fortalecer la próxima siembra.



El aislamiento también se volvió parte del problema. El puente que conectaba la zona fue arrasado por el agua y hoy una lancha improvisada permite mantener un vínculo mínimo con el exterior. Mientras tanto, las pérdidas siguen acumulándose puertas adentro. “El agua se va a ir, pero la humedad queda… las cosas se están pudriendo”, advierte.


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La lancha que impide que Julián y sus vecinos queden aislados.


En Palominos hay alrededor de 20 pequeños productores en una situación similar. La mayoría perdió sus cultivos, incluso aquellos que ya estaban avanzados. La posibilidad de resembrar lo perdido ya quedó atrás: el calendario agrícola no espera. “Ahora viene el tiempo de la verdura de otoño invierno”, dice Moreno, que intenta proyectar lo inmediato en medio de la incertidumbre.


A pesar de todo, no piensa irse. Sus hijos le propusieron dejar el campo, pero la decisión está tomada. “Me gusta la naturaleza… voy a seguir peleando por el campo”, afirma. Mientras espera que el suelo se seque y el sol permita volver a sembrar, también deja un reclamo abierto: “Ojalá que esta vez las autoridades hagan el trabajo como corresponde”.

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