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Los restos de Carlos Rafael Medina, un estudiante universitario tucumano que fue secuestrado durante la última dictadura militar, fueron identificados en el Pozo de Vargas, la mayor fosa clandestina de la Argentina. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) confirmó el hallazgo este viernes, luego de realizar los estudios genéticos que permitieron establecer la identidad del joven, desaparecido desde abril de 1976.
Medina tenía 20 años y vivía en Tucumán cuando, durante la madrugada del 15 de abril de 1976, un grupo armado irrumpió en su domicilio del barrio Mercantil, en la zona de Manantial. Según la reconstrucción difundida por los organismos que intervinieron en el caso, los hombres registraron la vivienda y se lo llevaron por la fuerza.
Su secuestro ocurrió durante los primeros meses de la última dictadura cívico-militar, cuando la provincia se encontraba bajo el mando de Antonio Domingo Bussi y el aparato represivo desplegaba operativos contra militantes políticos, estudiantes y otros sectores de la sociedad.
La identificación fue posible gracias al cotejo genético de los restos óseos recuperados y las muestras de ADN aportadas por dos hermanos de Medina. La toma de las muestras se realizó en el marco de un convenio de colaboración con la Secretaría de Derechos Humanos de Tucumán.

Esta semana, el Juzgado Federal N.º 2 de Tucumán, a cargo de Guillermo Díaz Martínez, notificó a la familia sobre el resultado de los estudios. Según informó Página/12, participaron de la audiencia los hermanos del joven y otros familiares. Próximamente se realizará la restitución de los restos y una ceremonia de despedida.
Con la identificación de Medina, ya son 122 las personas cuyos restos fueron identificados en el Pozo de Vargas, sobre un total mínimo de 149 individuos detectados en el lugar a partir de los análisis genéticos.
El sitio está ubicado en la zona de Tafí Viejo. Se trata de una antigua construcción circular de aproximadamente tres metros de diámetro y 37 metros de profundidad, que fue utilizada como fosa clandestina durante el terrorismo de Estado.
Las primeras evidencias de la presencia de restos humanos fueron detectadas por el Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (GIAAT). Posteriormente comenzaron las excavaciones arqueológicas, con la participación del Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán (CAMIT), que desarrolló durante años tareas de recuperación en el lugar.
El trabajo presenta dificultades particulares por las condiciones en las que fueron arrojados los cuerpos. La humedad, la estructura del pozo y la fragmentación de los restos hicieron que los equipos recuperaran miles de fragmentos óseos mezclados, junto con prendas de vestir y otros objetos.
El EAAF comenzó a recibir los materiales en 2011 para determinar cuántas personas habían sido enterradas en la fosa y avanzar en su identificación. Desde entonces, los especialistas trabajan en el análisis genético y en la reconstrucción de los conjuntos de restos correspondientes a cada víctima.
La identificación de Carlos Medina se suma a un proceso de investigación que lleva décadas y que permitió devolverles el nombre y la historia a más de un centenar de personas desaparecidas durante la dictadura.
Cada identificación requiere reconstruir los perfiles genéticos de los restos recuperados y compararlos con las muestras aportadas por familiares. El procedimiento resulta especialmente complejo en el Pozo de Vargas, donde los restos fueron encontrados fragmentados y mezclados.
En el caso de Medina, el aporte de sus hermanos permitió establecer la correspondencia genética y confirmar su identidad, un paso fundamental para que su familia pueda recuperar sus restos después de casi cinco décadas de búsqueda.