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PRESO EN EL EXTRANJERO

El gendarme Nahuel Gallo contó el "infierno" que vivió en Venezuela: "Pensé en quitarme la vida"

Gallo describió el tiempo en cautiverio como un periodo de tortura física y psicológica. La falta de comunicación con su familia y el encierro absoluto en celdas de castigo lo llevaron a situaciones límite.

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09 may, 2026 09:46 a. m. Actualizado: 09 may, 2026 09:46 a. m. AR
El gendarme Nahuel Gallo contó el "infierno" que vivió en Venezuela: "Pensé en quitarme la vida"

Luego de más de un año de silencio y una angustia que mantuvo en vilo a su familia en Argentina, el gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo decidió contar por primera vez los detalles de su detención en Venezuela, donde estuvo preso durante 448 días.


El cabo primero, de 33 años, admitió que durante su encierro intentó quitarse la vida: “Siempre me lo preguntan, y la respuesta es que sí, lo había pensado”, confió, y añadió que habitualmente era golpeado simplemente “por ser gendarme o por ser argentino”.


El hecho se remonta al 8 de diciembre de 2024. Gallo tenía previsto cruzar la frontera desde Cúcuta (Colombia) hacia Venezuela. Según explicó durante una entrevista televisiva. Detalló que al llegar a las oficinas de Migraciones fue interceptado por agentes de civil que, sin identificarse, lo sometieron a un interrogatorio exhaustivo.


A pesar de tener toda su documentación en regla y los dólares necesarios para su estadía, el interés de los agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) se centró exclusivamente en su teléfono celular.


“Querían ver si hablaba mal de su presidente”, recordó Gallo. El agente que lo interrogaba realizó búsquedas por palabras clave en sus chats privados. Mientras que el nombre “Chávez” no arrojó resultados, la palabra “Maduro” desató la violencia.


En un chat privado con su esposa, Gallo había comentado la situación política y social del país caribeño. “Me dijo que yo hablaba mal de su presidente, que quién era yo para decir eso. Le dije que era una conversación privada con mi mujer, pero no les importó”, señaló el gendarme.


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Inicialmente, Gallo intentó resguardar su profesión afirmando que trabajaba en la Aduana argentina. Sin embargo, tras una revisión más profunda del dispositivo, los agentes hallaron una fotografía que confirmaba su pertenencia a la Gendarmería Nacional.


“Ahí ya me trataban diferente. Me esposaron los pies, me esposaron las manos. Se enojaron porque les había mentido”, relató. A partir de ese momento, los golpes se intensificaron y le cubrieron la cabeza, iniciando un proceso de detención arbitraria que duraría más de un año.


Gallo describió el tiempo en cautiverio como un periodo de tortura física y psicológica. La falta de comunicación con su familia y el encierro absoluto en celdas de castigo lo llevaron a situaciones límite.


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