
La media sanción de la reforma laboral en la Cámara de Diputados marcó un punto de inflexión para el Gobierno, que se mostró fortalecido y decidido a profundizar su agenda de cambios. En el oficialismo sostienen que el resultado fue posible por acuerdos políticos y por un respaldo social que consideran vigente tras las últimas elecciones.
“Hay margen para seguir avanzando con reformas estructurales”, señalan en el entorno libertario, donde ya proyectan una batería de iniciativas en el corto plazo. Entre ellas aparecen la Ley de Glaciares, el impulso al acuerdo Unión Europea–Mercosur, el nuevo Régimen Penal Juvenil que propone bajar la edad de imputabilidad a 14 años y una nueva ley de financiamiento universitario.
En paralelo, el Gobierno evalúa promover una reforma electoral para eliminar las PASO y avanzar con cambios en el Banco Central que permitan a los bancos otorgar créditos en dólares a personas y empresas que no generan divisas. “Está en estudio”, admiten desde la Casa Rosada, aunque en el Ministerio de Economía aún no hay definiciones concretas.
La reforma previsional, en tanto, quedará postergada. “No en este mandato”, reconocen fuentes cercanas al Presidente, que explican que antes se necesita ampliar el empleo formal y observar el impacto de la reforma laboral. La tributaria, en cambio, aparece como uno de los próximos ejes: el objetivo oficial es simplificar el sistema y continuar con la baja de impuestos.
En el Congreso, el bloque libertario transmite optimismo y anticipa nuevos debates con el respaldo de gobernadores dispuestos al diálogo. “Esto va a seguir durante todo el período”, afirman, al tiempo que prometen escuchar demandas provinciales en un contexto de caída de la recaudación. En la Casa Rosada, además, hacen una lectura política favorable: “No hay oposición”, repiten, y apuntan contra el kirchnerismo al que describen como atravesando “una crisis terminal”.