El papa León XIV sostuvo este domingo que el futuro de la humanidad no se encuentra en las estrategias militares ni en el poder económico, sino en la capacidad de los pueblos de reconocerse como hermanos. El mensaje fue pronunciado al finalizar el rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro, ante miles de fieles y peregrinos.
Al analizar el escenario global marcado por los conflictos armados, el Sumo Pontífice afirmó que el uso de la fuerza es un camino agotado y que no ofrece garantías para las nuevas generaciones. En ese marco, remarcó que la historia demuestra que las estrategias basadas en el poder económico y militar no aseguran un porvenir para la humanidad.
“El futuro está en el respeto y la fraternidad entre los pueblos”, expresó León XIV, en un llamado dirigido a quienes toman decisiones a nivel global, al tiempo que subrayó la necesidad de construir la paz desde el diálogo y el reconocimiento mutuo.
Durante su alocución, el Papa dedicó un espacio central a la situación en Nigeria, donde recientes ataques terroristas en los estados de Benue y Kaduna provocaron numerosas muertes y secuestros masivos. Manifestó su cercanía con las víctimas y pidió a las autoridades continuar trabajando para garantizar la seguridad y la protección de la vida de la población.
En ese contexto, recordó que este domingo se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas y denunció que millones de mujeres y niños continúan siendo víctimas de la esclavitud moderna. Señaló además que la paz comienza con el respeto por la dignidad humana.
La preocupación del Pontífice también se extendió a las comunidades afectadas por temporales en España, Portugal, Marruecos e Italia. Mencionó especialmente a la localidad andaluza de Grazalema y a la ciudad siciliana de Niscemi, donde más de 1.500 personas debieron ser evacuadas a causa de desbordes y aludes.
Finalmente, León XIV destacó la beatificación del sacerdote español Salvatore Valera Parra, a quien presentó como un ejemplo de austeridad y entrega para la Iglesia actual. Al concluir, pidió que su testimonio sea un estímulo para los sacerdotes a vivir con fidelidad y compromiso en la vida cotidiana, antes de despedirse de los fieles reunidos en el Vaticano.