
En aras de una supuesta modernización urbana, el proceso de reconvención del Mercado del Norte derivó en un modelo de exclusión de los trabajadores que históricamente ejercían la economía popular en sus puestos. Según el informe Socialómetro de la consultora Datacivis, titulado “Mercado del Norte: gentrificación, trabajo y disputa urbana”, este cambio no fue neutral, sino que respondió a una lógica inmobiliaria que priorizó el consumo segmentado por sobre el tejido social preexistente. Las responsabilidades de este proceso, de acuerdo al documento al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, se reparten entre dos gestiones: la de Germán Alfaro, quien dispuso la clausura preventiva en 2021 y "otorgó una concesión privada por 50 años sin un plan de contingencia social", y la de Rossana Chahla, "quien heredó el contrato y se limitó a auditar irregularidades sin reparar efectivamente el daño laboral causado a los antiguos puesteros", según se indica en el informe.
El estudio identifica como consecuencia primordial el profundo deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores. “El trabajador del mercado fue el más afectado: perdió su lugar, su flujo de ventas y su identidad económica”, sostiene el documento de Datacivis. El impacto humano se traduce en un “desplazamiento forzado de puesteros históricos”, quienes enfrentaron una caída estrepitosa de sus ingresos debido a una reubicación periférica que rompió el vínculo con su clientela tradicional y su capital social. Para muchos, la transición significó la exclusión total por la imposibilidad de afrontar los costos de alquiler del nuevo centro comercial, viéndose obligados a migrar hacia la venta ambulante o ferias de menor escala.

Desde el punto de vista arquitectónico, el renovado predio busca recuperar la fachada original del edificio inaugurado en 1939, aunque con una funcionalidad interna radicalmente distinta. En la etapa de obras, se intervinieron fachadas sobre calles Mendoza y Maipú, sumando nuevas vidrieras, iluminación escénica y marquesinas metálicas en una superficie de 1.124 m2. El proyecto contempla una planta baja con 46 módulos locativos y una planta alta de 2.100 m2 destinada a gastronomía, conectadas mediante escaleras mecánicas y ascensores. Sin embargo, esta renovación edilicia es vista por el informe como una señal de gentrificación, ya que implica la “privatización de un bien público por 50 años” y el reemplazo cultural de un centro de abasto popular por un “shopping climatizado con franquicias” inaccesible para la economía cotidiana de los sectores populares.

El informe de Datacivis reconstruye la línea de tiempo institucional, señalando que el cierre por fallas estructurales en marzo de 2021 fue el punto de partida para transformar el carácter del espacio. El análisis advierte que “la modernización urbana no es neutra: favorece a consumidores de mayor poder adquisitivo”, tensionando el derecho a la ciudad. Mientras la discusión pública se desplaza hacia relatos de "seguridad" y "orden", el costo social se vuelve invisible en la agenda política predominante.
En su conclusión estratégica, el Socialómetro define al Mercado del Norte como un caso modelo de gentrificación donde la infraestructura se moderniza a costa del desplazamiento de quienes la hacían funcionar. “El modelo económico cambió más rápido que la capacidad de reinserción de los puesteros”, subraya el documento, advirtiendo que, sin un plan de reinserción económica real, cualquier ordenamiento del espacio público no hace más que profundizar la exclusión social