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Fernando Tino no llegó a los drones por entusiasmo tecnológico. Había pasado años trabajando con aplicaciones agrícolas, primero desde tierra y también con aviones, y al comienzo no creía demasiado en esos equipos que empezaban a sobrevolar los campos. “Comencé sin creer en los drones y sin gustarme, pero la necesidad me hizo adoptar su uso”, contó a Tendencia de Noticias. Hoy, después de casi una década de trabajo con ellos, se define como uno de sus mayores defensores.
La experiencia lo llevó por distintos cultivos de Brasil, pero hay uno que conoce desde mucho antes de levantar un dron: la caña de azúcar. “He trabajado toda mi vida con caña de azúcar”, dijo. Por eso, cuando habla de la relación entre el cultivo y esta tecnología, no duda: “Digo que el dron y la caña de azúcar son un matrimonio perfecto”.
La explicación está entre los surcos. A medida que la caña gana altura, hay momentos en los que el tractor ya no puede ingresar sin dificultades. Sin embargo, el lote todavía puede necesitar una aplicación o una intervención puntual. En se sentido, el uso de drones para aplicar maduradores y para actuar sobre sectores afectados por plantas trepadoras es la tecnología ideal. Desde el aire también se pueden identificar problemas que no siempre resultan fáciles de reconocer desde el suelo.
Esa mirada es parte de un proyecto de investigación en el que trabaja desde Drone Raiz, una organización dedicada a la difusión del uso de drones y la capacitación de pilotos. El trabajo pretende identificar la maduración de la caña mediante drones multiespectrales. El objetivo es sumar información para decidir cómo y cuándo intervenir. “¿Cómo sabría dónde hay manchas puntuales de plagas en la caña?”, preguntó al recordar lo difícil que era hacer ese diagnóstico antes de contar con estas herramientas.
Tino conoce bien el trabajo que exige una aplicación con tractor: empezó en esa actividad a los 17 años. También sabe que un avión requiere condiciones de operación que no siempre están disponibles. A su juicio, el dron permite responder a necesidades que esos equipos no alcanzan a cubrir, aunque aclaró un punto: la aplicación aérea con dron cuesta más. Su ventaja, sostuvo, debe medirse por la posibilidad de llegar a tiempo, trabajar sobre el lugar necesario y evitar el paso de maquinaria que pisa o compacta el suelo.
Pero la utilidad que hoy ve tan clara no le resultó evidente desde el principio. Cree que a muchos productores puede ocurrirles lo mismo: seguirán trabajando como siempre hasta que una lluvia fuerte, la erosión o la imposibilidad de entrar al lote con el tractor los empuje a buscar otra salida. Así le sucedió a él. La necesidad lo hizo probar; la experiencia le cambió la opinión. “Hay que perder el miedo y demostrar que el dron en el campo funciona”, resumió.
Pese a las ventajas demostrables del uso del dron en el campo, Tino considera que la adopción todavía tiene un largo camino por delante en Brasil. Estimó que se utilizan apenas en un 5% de la superficie donde podrían emplearse. Para él, una experiencia de trabajo bien hecha puede ayudar a que más productores conozcan sus posibilidades. “Quizás no reemplace el 100%, pero tendrá un dron como una opción de aplicación”, señaló.
Tino presentó estas ideas en Tucumán, durante el Congreso Internacional de Drones que se realiza hasta el 25 de septiembre en la Sociedad Rural. Su disertación, titulada “Pilotos del Mañana: Cómo Formar a la Generación que Dominará los Cielos”, puso el acento en quienes deberán operar los equipos. En los cañaverales, imagina un futuro en el que el productor tenga un dron entre sus herramientas, sin abandonar necesariamente el tractor: otra manera de entrar al campo, incluso cuando los surcos ya no dejan pasar.