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RUMBO AL 2027

La esperanza como carta de Milei ante un electorado sin lealtades permanentes

Una columna de Pablo Pérez Paladino, director de Enter Comunicación, analiza el cambio en el comportamiento político de los argentinos y sostiene que la esperanza y las expectativas sobre el futuro serán determinantes para explicar el respaldo a Javier Milei de cara a 2027.

PorTendencia de noticias
29 ago, 2026 11:20 a. m. Actualizado: 30 ago, 2026 09:18 a. m. AR
La esperanza como carta de Milei ante un electorado sin lealtades permanentes

La política argentina atraviesa, según el análisis del director de Enter Comunicación, Pablo Pérez Paladino, un escenario en el que los apoyos electorales son cada vez menos estables y las evaluaciones ciudadanas pueden modificarse en períodos muy breves. En ese contexto, el crecimiento de la confianza en el Gobierno registrado en agosto, especialmente entre los jóvenes, aparece como un dato relevante para comprender por qué los conflictos políticos no necesariamente se traducen en una pérdida inmediata de respaldo y por qué la esperanza respecto del futuro puede convertirse en una variable central de cara a las elecciones de 2027.


En el análisis al que tuvo acceso Tendencia de Noticias, Pérez Paladino parte de una transformación más amplia de la sociedad y sostiene que la política comenzó a adaptarse a ese nuevo comportamiento. “Hace tiempo venimos hablando de una sociedad cada vez más líquida. Una sociedad que modifica rápidamente sus expectativas, que evalúa en períodos cada vez más cortos y que tiene enormes dificultades para imaginar proyectos colectivos a diez o veinte años”, plantea.


Según el director de Enter Comunicación, esa transformación también modificó la relación entre los ciudadanos y los dirigentes. “La política también empezó a funcionar así. Los apoyos son menos permanentes. Los rechazos también. Los liderazgos pueden fortalecerse rápidamente y deteriorarse con la misma velocidad”, señala.


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Desde esa perspectiva, identifica en la estrategia política de Javier Milei una de las claves de su permanencia en el escenario político. “Quizás una de las mayores virtudes de Javier Milei y de su estrategia política haya sido comprender antes que muchos este cambio de época”, sostiene.


El análisis plantea que durante años la evaluación de los gobiernos se apoyó en categorías consideradas relativamente estables, como corrupción, institucionalidad, economía, liderazgo y gobernabilidad. Bajo ese esquema, determinados acontecimientos parecían conducir necesariamente a determinadas consecuencias políticas.


Pérez Paladino advierte que esa relación perdió buena parte de su carácter automático. “Suponíamos que determinados acontecimientos producían necesariamente determinadas consecuencias. Un escándalo debía provocar una pérdida de apoyo. Un insulto debía deteriorar la imagen. Una crisis política debía tener un costo electoral”, enumera.


Sin embargo, el comportamiento registrado durante la gestión de Milei mostraría, según el autor, una dinámica diferente. El Presidente atravesó conflictos políticos, denuncias, enfrentamientos con periodistas, empresarios y dirigentes y distintos episodios cuestionados públicamente, pero esos acontecimientos no siempre produjeron una caída equivalente en los niveles de confianza. “No significa que esos episodios no importen. Significa que la ciudadanía los procesa de una manera diferente a la que muchas veces suponemos quienes analizamos la política”, afirma.


La confianza en el Gobierno volvió a crecer


Uno de los datos utilizados en la columna para analizar este fenómeno corresponde al Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella. De acuerdo con el relevamiento mencionado, en agosto la confianza en el Gobierno aumentó un 6,4% respecto de julio y alcanzó los 2,06 puntos. El indicador, no obstante, mantiene un deterioro acumulado durante 2026 y el promedio de la administración se encuentra en su nivel más bajo.


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El dato que adquiere particular relevancia en el análisis es el comportamiento del segmento más joven. Entre las personas de 18 a 29 años, el índice registró un incremento del 66,3% en apenas un mes, hasta alcanzar los 2,80 puntos.


Para Pérez Paladino, la magnitud de ese movimiento obliga a incorporar otros elementos además de las identidades políticas tradicionales. “Hay algo más. Estados de ánimo. Expectativas. Percepciones sobre la economía. Sensaciones sobre el futuro. Y evaluaciones que pueden cambiar rápidamente”, describe.


El planteo apunta a que los ciudadanos no necesariamente realizan una evaluación integral y permanente de cada aspecto de una administración. Por el contrario, pueden ponderar determinados resultados y relativizar otros.


La columna sostiene que una característica del nuevo comportamiento electoral es la capacidad de separar diferentes dimensiones de la gestión pública. “Puede rechazar determinados comportamientos de Milei y, al mismo tiempo, valorar su política económica. Puede criticar un episodio de corrupción y conservar confianza en el rumbo general. Puede sentirse angustiada por su situación personal y todavía creer que cambiar nuevamente sería peor”, señala Pérez Paladino.


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En ese proceso, el ciudadano selecciona los elementos que considera relevantes y posterga, en algunos casos, una definición política definitiva. “Los ciudadanos seleccionan. Rescatan aquello que consideran valioso. Relativizan aquello que no comparten. Y muchas veces suspenden el juicio definitivo”, sostiene.


El fenómeno también permitiría explicar, de acuerdo con el análisis, por qué determinados episodios que dominan durante días o semanas la agenda de periodistas, dirigentes y analistas no necesariamente generan una consecuencia proporcional sobre la opinión pública. “No porque la sociedad no los vea. Sino porque no necesariamente les asigna la misma importancia que nosotros”, plantea.


Identidades políticas menos rígidas


Otro de los ejes de la columna es la pérdida de fuerza de las divisiones políticas tradicionales. El autor menciona los históricos clivajes entre peronismo y antiperonismo, izquierda y derecha, y Estado y mercado. También pone bajo análisis la denominada grieta, que durante años funcionó como uno de los principales organizadores de la política argentina. “Las identidades existen. Pero alrededor de ellas crece un electorado mucho más difícil de clasificar”, sostiene.


Ese nuevo electorado, de acuerdo con la descripción, puede modificar su posición frente a un gobierno en función de sus evaluaciones y expectativas. “Ciudadanos que pueden apoyar hoy, rechazar mañana y volver a acompañar pasado mañana. No necesariamente porque sean inconsistentes. Porque evalúan permanentemente”, explica.


Para graficar esa transformación, Pérez Paladino recurre a una comparación: “La fidelidad política empieza a parecerse menos a un matrimonio y más a una suscripción que puede cancelarse cuando deja de ofrecer valor”.


Dentro de este escenario, se identifica un elemento que podría resultar determinante para comprender la fortaleza política de Milei: la expectativa de futuro. “El verdadero activo de Milei” aparece, precisamente, asociado con la esperanza. Para el autor, una parte de la sociedad continúa vinculando al Presidente con la posibilidad de un cambio futuro, incluso cuando existen críticas o momentos de descontento. “La esperanza. Para una porción importante de la sociedad, Milei continúa representando una posibilidad de futuro. Tal vez no exista entusiasmo permanente. Tal vez haya enojo. Tal vez haya críticas. Pero todavía permanece una expectativa”, sostiene.


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Según el análisis, mientras esa expectativa permanezca vigente, una parte de los ciudadanos podría mantener su respaldo al oficialismo aun sin identificarse plenamente con el ideario libertario. “Ahí está la gran diferencia con buena parte de la oposición. Existe un electorado enorme que no se siente plenamente representado por ninguna fuerza política. Un electorado huérfano”, afirma.


En ese segmento, Pérez Paladino ubica a ciudadanos que eventualmente podrían volver a votar por Milei sin que eso implique necesariamente una adhesión completa a su espacio. “Parte probablemente terminará votando nuevamente a Milei. No necesariamente porque se haya convertido en libertario. Ni porque apruebe cada una de sus decisiones. Sino porque todavía no encuentra una alternativa que represente una expectativa de futuro más atractiva”, plantea.


Cómo podría definirse la elección de 2027


Desde Enter Comunicación se sostiene que las elecciones presidenciales de 2027 no deberían analizarse únicamente a partir de indicadores tradicionales como inflación, crecimiento, corrupción o imagen presidencial. El planteo propone incorporar una dimensión vinculada con el estado de ánimo de la sociedad y con las expectativas individuales respecto del futuro.


“No alcanzará con observar inflación, crecimiento, corrupción o imagen presidencial de manera aislada. Habrá que entender cómo todas esas variables construyen algo más difícil de medir: el estado de ánimo de la sociedad”, señala Pérez Paladino. En ese sentido, el autor plantea que las preguntas que pueden definir el voto podrían ser más sencillas y personales que las categorías habitualmente utilizadas en los análisis políticos. “¿Cómo estoy? ¿Cómo creo que voy a estar? ¿Tengo esperanza? ¿Tengo miedo de volver atrás? ¿Existe alguien mejor?”, enumera.


La columna resume su análisis en tres elementos. El primero es la menor permanencia de los apoyos políticos. Los ciudadanos evalúan a los gobiernos y liderazgos en períodos más cortos y pueden modificar rápidamente sus posiciones.


El segundo es que los escándalos dejaron de tener consecuencias electorales automáticas. Su impacto depende del contexto económico, las expectativas y la existencia de una alternativa política considerada creíble.


El tercero es el peso de la esperanza. Mientras Milei continúe representando una expectativa de futuro para una parte significativa de la sociedad, el autor considera que conservará una ventaja frente a aquellos espacios que puedan ser percibidos como una vuelta al pasado.


El análisis concluye con una advertencia dirigida al modo tradicional de interpretar el comportamiento electoral. “Quizás el mayor error de los analistas sea seguir buscando votantes permanentes en una sociedad que dejó de comportarse de manera permanente”, sostiene. Y proyecta ese escenario hacia 2027: “La Argentina de 2027 probablemente no estará dividida solamente entre mileístas y antimileístas. Habrá millones de personas decidiendo hasta último momento”.


En esa definición, la pregunta central no necesariamente estaría vinculada con quién tiene razón, sino con la percepción individual sobre el futuro. “No estarán preguntándose necesariamente quién tiene razón. Estarán preguntándose algo bastante más sencillo: ¿con quién siento que puedo estar mejor mañana?”, concluye Pérez Paladino.

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