
La dinámica comunicacional del Gobierno nacional, a partir específicamente del caso que involucra al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atraviesa un momento atípico: lejos de lograr cerrar un conflicto, la gestión quedó atrapada en una crisis que se extiende, se profundiza y empieza a mostrar efectos políticos, según el análisis del director de la consultora Enter Comunicación, Pablo Pérez Paladino, al que tuvo acceso Tendencia de Noticias.
“Toda crisis de comunicación tiene una premisa básica: su valor no está en el origen, sino en su capacidad de cierre”, sostiene el especialista, quien remarca que “una crisis es, por definición, un quiebre. Rompe la normalidad, altera la rutina y pone en tensión la relación entre un gobierno y la sociedad”.
En ese marco, advierte que lo ocurrido en las últimas semanas marca un quiebre respecto del comportamiento habitual de la administración nacional: “lo que estamos viendo en la Argentina es algo poco habitual para esta gestión: un gobierno que no logra cerrar un conflicto”. Y agrega: “Hace tres semanas que la Casa Rosada está a la defensiva. Explica, responde, corrige. Pero no logra dar vuelta la página”.

El caso Adorni, se convirtió en el eje de este escenario. Según Pérez Paladino, el intento por desactivar la polémica terminó generando el efecto contrario. “El objetivo era claro: cerrar el tema. El resultado fue el contrario”, explica, en referencia a la conferencia de prensa y a la entrevista previa brindada por el funcionario. “La crisis no solo siguió abierta: se amplificó”.
Los datos refuerzan ese diagnóstico. El informe de Enter Comunicación señala que la exposición pública del vocero provocó “un aumento del 224% en la conversación digital, con 129.288 menciones en un solo día y un alcance potencial de 10 millones de cuentas”. Sin embargo, el aspecto más relevante no fue el volumen, sino el tono: “59% de las interacciones fueron negativas, con calificativos como ‘soberbio’ y ‘evasivo’, mientras que solo el 31% respondió desde el núcleo duro oficialista”. Incluso, el análisis detecta un fenómeno novedoso: “dentro del ecosistema libertario comenzaron a aparecer críticas, marcando que la crisis ya no es solo externa, empieza a generar ruido interno”. En ese sentido, concluye: “El intento de cierre se convirtió, en términos comunicacionales, en un relanzamiento del conflicto”.
Despliegue sin resultados
El especialista también pone el foco en la estrategia oficial para contener la situación. “En una crisis real, hay una regla: todos los recursos del gobierno deben alinearse para cerrar el evento crítico”, señala.
Y reconoce que ese alineamiento existió: “gabinete presente, respaldo político explícito, estrategia coordinada”. Sin embargo, advierte que “cuando la ejecución falla, el despliegue no alcanza. Y peor aún: expone las debilidades”.
Pese a la magnitud del conflicto, la continuidad de Adorni no aparece en discusión inmediata. Para Pérez Paladino, esto responde a su rol dentro del esquema de poder.
“En otro contexto, probablemente un funcionario en esta situación ya habría sido desplazado”, afirma. Pero aclara: “Adorni no es un funcionario más. Es el vocero, es parte del núcleo de poder y responde directamente a Javier Milei y Karina Milei”.
Esta centralidad lo vuelve “difícil de reemplazar”, aunque también implica “una apuesta política de alto riesgo”.

El análisis también identifica una debilidad estructural en la gestión de crisis. “Hasta ahora, el gobierno se destacó por su capacidad de manejar la agenda y dominar la conversación. Pero las crisis tienen otra lógica”, advierte. En ese sentido, señala que “aparece una debilidad estructural: la falta de anticipación y de protocolos claros para cerrarlas”. Y agrega: “El error no fue solo el hecho inicial. El error fue no prever que el tema iba a escalar, mutar y retroalimentarse. La improvisación de la conferencia fue consecuencia de eso”.
Para el director de Enter Comunicación, el eje del problema ya se desplazó. “El problema ya no es el viaje, ni la explicación, ni la conferencia. El problema es otro: la incapacidad de cerrar la crisis”, sostiene. En ese contexto, plantea que el desenlace dependerá de decisiones de mayor peso: “El cierre ya no es comunicacional, es político. Sin una decisión que ordene la situación, el conflicto seguirá activo”. Además, advierte sobre el desgaste interno: “las primeras fisuras dentro del oficialismo son una señal de alerta”.
Como salida, propone recuperar la iniciativa: “el gobierno necesita imponer un nuevo tema que reordene la conversación pública”. En definitiva, concluye, “ser gobierno implica que cada error se amplifica, pero también tener herramientas para recomponer. La pregunta es si va a poder usarlas a tiempo”.