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La Argentina en general y Tucumán en particular, enfrentan una doble realidad en materia alimentaria: mientras recientemente se conoció la suba en los niveles de pobreza en el primer semestre de 2026, durante 2025 quedaron fuera del circuito de consumo 73 millones de kilos de alimentos provenientes de supermercados y autoservicios, por un valor estimado de $370.520 millones. A esa situación se suma una dificultad tributaria señalada por los Bancos de Alimentos: las empresas pueden afrontar un costo fiscal al donar mercadería que todavía es apta para el consumo, lo que reduce los incentivos para recuperarla.
Lácteos, fiambres y productos refrigerados aparecen entre los principales alimentos descartados. El relevamiento fue realizado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca junto con organizaciones especializadas y empresas del sector supermercadista. El volumen corresponde exclusivamente al segmento minorista. La Red de Bancos de Alimentos Argentina estima que, si se considera toda la cadena alimentaria, alrededor del 12,5% de los alimentos producidos en el país termina desperdiciado y menos del 5% logra ser recuperado, frente a porcentajes superiores al 25% o 30% registrados en otros países de la región.
La discusión no se limita a la cantidad de alimentos que quedan fuera del consumo. Los Bancos de Alimentos plantean que el esquema tributario vigente puede generar una diferencia económica entre donar y desechar. “Hoy, donar alimentos en nuestro país es más caro que tirarlos”, resumió Pablo Algraín, director ejecutivo de la Red de Bancos de Alimentos Argentina.

Según explicó, cuando una empresa entrega alimentos en donación puede perder la posibilidad de computar el crédito fiscal del IVA asociado a esos productos. En cambio, determinadas modalidades de descarte permiten conservar ese beneficio.
A esa cuestión se agregan los gastos vinculados con el retiro, transporte, clasificación y almacenamiento de los alimentos recuperados.
La propuesta de la Red de Bancos de Alimentos apunta a modificar el tratamiento del IVA para evitar que la donación represente una desventaja fiscal para las empresas.
La organización también sostiene que una mayor recuperación permitiría reducir parte de las necesidades de compra de alimentos destinadas a programas de asistencia, aunque una modificación tributaria podría implicar una menor recaudación para el Estado.
En nuestra provincia, el Banco de Alimentos de Tucumán (BAT) desarrolla precisamente una tarea orientada a recuperar productos que dejaron de formar parte del circuito comercial, pero que conservan condiciones aptas para el consumo.
Los resultados más actuales permiten dimensionar el alcance de ese trabajo: el BAT entregó 1.625.155 kilos de alimentos, que se transformaron en 4.875.465 platos de comida y llegaron a 64.380 personas mediante 154 organizaciones sociales.

Del total distribuido, el 64% correspondió a alimentos de alto valor nutricional. La organización también contabilizó 672.747 kilos de alimentos no perecederos, 596.917 kilos de frutas y verduras y 96.639 kilos de productos refrigerados, además de 172.217 litros de bebidas y gaseosas.
Agustina Figueroa, presidenta del BAT, explicó a Tendencia de Noticias que la entidad funciona como un enlace entre quienes disponen de excedentes y las organizaciones que trabajan con población que necesita asistencia alimentaria.
“Somos una organización sin fines de lucro que contribuimos a reducir el hambre, mejorar la nutrición y el desperdicio de alimentos. Buscamos ser un puente entre los que sufren del hambre y aquellos que deseen colaborar a través de un canal transparente y eficiente que le garantice que su donación llegará a miles de personas que no tienen asegurada su alimentación”, sostuvo.
El mecanismo comienza con la recepción de productos provenientes de industrias alimenticias, productores agropecuarios y supermercados. Entre las razones por las que esos alimentos quedan fuera de los canales comerciales aparecen los excedentes de producción, los vencimientos próximos o errores de envasado, siempre que la mercadería permanezca en condiciones adecuadas para ser consumida. “Nosotros lo que hacemos es darles un valor nutricional a esos alimentos y trabajamos en tres etapas: el rescate de los productos, las campañas de donaciones y la compra de alimentos mediante iniciativas de recaudación de fondos”, explicó Figueroa. A partir de ese proceso, el BAT distribuye los productos entre 120 centros comunitarios, organizaciones sociales y merenderos.

Un claro ejemplo de esto para nuestra matriz productiva es la campaña "Marea Amarilla". En el 2019, se hizo público el descarte de miles de toneladas de limones debido a la falta de calidad causada por el exceso de lluvia y altas temperaturas. Con el objetivo de evitar estas enormes pérdidas y desperdicios, el BAT decidió iniciar el
programa de rescate. Entre 2019 y 2023 rescataron más de 580.000 kilos de
limones, los cuales se entregaron en 20 Bancos de Alimentos del país
colaborando de esta manera con la alimentación de 1 millón de personas en
situación de vulnerabilidad social.
El circuito de recuperación en la provincia
Durante 2024, el BAT rescató 626.970 kilos de alimentos y productos provenientes de supermercados, industrias y distribuidoras. A esa cifra se sumaron 125.840 kilos de frutas y verduras recuperadas del Mercofrut. También ingresaron al circuito de asistencia 56.000 huevos, 49.500 kilos de azúcar aportados por productores locales y 9.260 litros de leche en polvo o larga vida, estos últimos obtenidos mediante una campaña que involucró a 26 instituciones educativas de la provincia.
La mercadería atraviesa un proceso de clasificación antes de ser distribuida entre las organizaciones beneficiarias. Los representantes de los comedores concurren mensualmente al Banco de Alimentos para retirar los productos correspondientes a su turno.
“Una vez al mes, con su turno, los representantes de los comedores vienen al Banco, retiran su compra, tras un aporte muy simbólico que es solamente del 30% del valor de los productos, lo que nos permite sostener nuestro modelo, a través del mantenimiento local, traslado de alimentos, rendición de cuentas y gastos operativos”, señaló Figueroa.

La red de instituciones vinculadas al BAT se distribuye en distintos puntos de Tucumán, entre ellos San Miguel de Tucumán, Yerba Buena, Concepción, Tafí Viejo, Alberdi, Burruyacu, Cruz Alta y Lules. Según la clasificación informada por la entidad, el 60% de las organizaciones corresponde a comedores, merenderos y centros comunitarios. Otro 27% está integrado por centros de formación, centros culturales y ONG, mientras que el 8% corresponde a centros de día y hogares y el 1% a escuelas.
La composición de quienes reciben los alimentos también muestra una distribución por edades: 45% son niños de 0 a 12 años, 36% adultos de 18 a 70 años, 13% adolescentes de 13 a 17 años y 6% adultos mayores de 70 años.
La experiencia tucumana se integra a una estructura nacional de bancos de alimentos que recupera productos para destinarlos a organizaciones sociales. Durante 2025, los 20 bancos que integran la Red de Bancos de Alimentos Argentina recuperaron más de 21 millones de kilos, equivalentes a unos 63 millones de platos, que llegaron a más de un millón de personas.
El volumen recuperado representa una fracción del total de alimentos que se desperdician en el país. Desde la Red sostienen que una modificación del tratamiento tributario podría ampliar considerablemente la cantidad de productos recuperados. “Esos 21 millones representan el 1% del total de los productos que se desperdician en la Argentina. Un cambio legislativo que incentive la donación podría hacer crecer enormemente ese recupero. Yo creo que en un año podríamos duplicar la cantidad de productos rescatados y, a partir de ahí, seguir creciendo”, aseguró Algraín.

En Tucumán, el financiamiento del BAT proviene principalmente de campañas de recaudación de fondos, que representan el 48%; contribuciones simbólicas, con el 30%; empresas e instituciones, con el 18%; y donantes individuales, con el 4%.
La entidad mantiene además convenios con el Gobierno provincial y recientemente el Parlamento local declaró de interés Legislativo la destacada trayectoria social, ambiental, económica y comunitaria desarrollada por la Fundaci6n Banco de Alimentos de Tucumán, al reconocerlo "como un aliado estratégico indispensable del
Estado Provincial en el diseño y ejecución de acciones conjuntas orientadas a mitigar la emergencia social, promover el desarrollo humano y optimizar el aprovechamiento de recursos alimenticios".
La discusión sobre el desperdicio alimentario vuelve así a poner en primer plano dos cuestiones que atraviesan toda la cadena: cuánto alimento puede recuperarse antes de convertirse en residuo y qué condiciones económicas permiten que una empresa encuentre en la donación una alternativa viable frente al descarte.