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Vicky Sauze, en un momento de la entrevista. Foto: Ponzio
Hay una imagen que resume la gloria: Vicky Sauze levantando la Copa del Mundo con Las Leonas después de vencer al clásico rival. Pero esta entrevista no empieza ni termina ahí. Porque detrás de ese instante de felicidad hubo un camino mucho más silencioso, atravesado por la distancia, la soledad, el desgaste y la necesidad de volver a encontrar motivos para seguir.
En una charla íntima con Tendencia de Noticia, la tucumana abrió una puerta a esa parte del alto rendimiento que pocas veces aparece en las fotos de los festejos.
Vicky vive en Buenos Aires mientras gran parte de su familia y sus afectos están en Tucumán. Y cuando el deporte exige entrenar, competir y rendir al máximo, la distancia también pesa. Habló de esos momentos de soledad y de lo difícil que puede resultar transitar procesos tan exigentes lejos de las personas que representan su sostén.
Uno de los pasajes más profundos de la entrevista llegó al recordar lo que atravesó después de los Juegos Olímpicos. Vicky sintió que había entregado todo, al punto de preguntarse cuánto más tenía para dar. "Necesitó recargarse, volver a encontrarse y, especialmente, descubrir una nueva motivación".
Entonces apareció otro sueño: la Copa del Mundo.

Ese objetivo volvió a encender algo. Y después de todo el recorrido, lo consiguió.
Hoy asegura que todo valió la pena. Está feliz, disfrutando de un presente que alguna vez imaginó y que ahora puede vivir. Pero alcanzar la cima no significó dejar de mirar hacia adelante: todavía se plantea objetivos y conserva sueños por cumplir.
La entrevista también tuvo espacio para dos momentos inesperados.
Le pedimos que escribiera una dedicatoria sobre una fotografía en la que aparece levantando la Copa. Lo hizo sin saber que esa imagen sería para ella misma. Dibujó una sonrisa y un corazón, dos símbolos que, según explicó, representan pilares de su manera de vivir el deporte: hacer las cosas con el corazón y nunca perder el disfrute ni la alegría. Cuando descubrió que la fotografía era un regalo para ella, su propia sonrisa terminó completando la escena.
Pero hubo otra sorpresa todavía más profunda. Le entregamos un cuadro compuesto por fotografías de sus seres queridos. Vicky se emocionó. Porque detrás de la deportista, de los entrenamientos, de los viajes y de las medallas están quienes la acompañaron cuando las cámaras no estaban.
No solamente en conocer cómo se siente ganar una Copa del Mundo, sino en entender cuánto hay que atravesar para llegar a levantarla.
Vicky Sauze hoy puede mirar la Copa y sonreír. Puede mirar hacia atrás y saber que las ausencias, los días difíciles y aquel momento en el que sintió que ya había entregado todo formaron parte del recorrido.
Pero también puede volver a mirar hacia adelante.
Porque después de alcanzar uno de sus grandes sueños, Vicky todavía tiene otros por cumplir.
