
Misión cumplida en el Monumental, aunque con más sufrimiento del esperado. River Plate se impuso 1-0 ante Carabobo en la segunda jornada de la fase de grupos de la Copa Sudamericana y escala a la cima del Grupo H. El técnico Eduardo Coudet apostó por un equipo alternativo pensando en el Superclásico del domingo frente a Boca, y el resultado acompañó, pero el camino fue tortuoso y dejó más preguntas que certezas.
Los primeros 45 minutos fueron para el olvido. El conjunto venezolano, ordenado en un 3-5-2 y con más ambición de la esperada, igualó de igual a igual a un River lento, sin precisión y escaso de ideas. El Monumental, que apenas generó una chance clara en todo el primer tiempo, despidió a los suyos al descanso entre murmullos y silbidos. Las piezas alternativas no funcionaron: Castaño volvió a decepcionar, la banda izquierda no aportó y la salida prematura de Fausto Vera por lesión encendió todas las alarmas de cara al clásico.

El segundo tiempo trajo aire fresco desde el banco. Con el ingreso de Driussi, Galván y el joven ecuatoriano Kendry Páez, el equipo ganó en velocidad y decisión. La diferencia llegó en el minuto 66: una corrida explosiva de Páez derivó en una definición, casi como un quite, de Driussi, que remató con categoría para romper el cero. Después vinieron el travesaño de Galván y el mano a mano tapado por el arquero Bruera, lo que impidió que el resultado fuera más holgado y mantuvo el partido abierto hasta el pitazo final del peruano Kevin Ortega.
La victoria deja a River en lo más alto de su zona, pero el funcionamiento continúa siendo una asignatura pendiente. La lesión de Quintero se suma a la de Vera y complica el panorama previo al Superclásico. Los hinchas se fueron del estadio cantando contra Boca, pero Coudet sabe que con ese nivel exhibido en el primer tiempo no alcanza. El clásico del domingo en el Monumental exigirá una versión muy diferente del Millonario.

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