
En un plantel renovado y con muchas caras nuevas, Alan Cisnero comenzó a hacerse un lugar propio en San Martín de Tucumán. El joven de 21 años, oriundo de Leales y surgido de la cantera del club, apareció como una de las sorpresas del equipo que conduce Andrés Yllana. En este 2026 ya suma tres titularidades consecutivas y se transformó en una pieza que aporta algo distinto dentro de un equipo que busca identidad.
Cisnero irrumpió con una característica cada vez menos habitual en el fútbol actual: el desequilibrio individual. Extremo por decisión táctica de Yllana, aunque con tendencia a cerrarse hacia el centro, el juvenil combina velocidad, gambeta corta y capacidad para romper líneas. Ese perfil lo convierte en un jugador incómodo para las defensas rivales y, al mismo tiempo, en un socio ideal para los volantes que pisan el área, ya que su movilidad abre espacios y genera situaciones.
Su crecimiento se refleja también en los números. Desde su debut en 2024, cuando apenas disputó 16 minutos, el proceso fue paulatino. En 2025 sumó ocho presencias y acumuló 132 minutos, mientras que en lo que va de 2026 ya participó en tres encuentros como titular y acumula 227 minutos en cancha. Más allá de las estadísticas, su influencia aparece en el desarrollo del juego: genera faltas, encara en el uno contra uno y se anima a intentar cuando el equipo necesita romper la estructura rival.

Dentro del campo ofrece versatilidad. Puede aparecer por ambas bandas e incluso moverse como un enganche moderno, retrocediendo algunos metros para recibir y lanzar a sus compañeros. En varios pasajes de los partidos mostró esa capacidad para recuperar, conducir y encarar con decisión. Ese espíritu rebelde, sumado a su personalidad para asumir riesgos, es lo que lo distingue dentro de un equipo que muchas veces necesita alguien que se anime a cambiar el ritmo.
La confianza del entrenador también explica su consolidación. En un contexto donde el club incorporó muchos futbolistas para la temporada, Cisnero logró mantenerse en el once inicial y ganarse el reconocimiento de la gente. Su irrupción representa algo más que minutos para un juvenil: simboliza la aparición de un jugador distinto, de esos que rompen esquemas con una gambeta o una acción inesperada. Y en ese rol de revolucionario, el chico de Leales empieza a escribir sus primeras páginas importantes con la camiseta de San Martín.
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