
La discusión sobre la presencia de pantallas en las escuelas tomó un nuevo impulso tras la difusión de un exhaustivo estudio internacional que pone en duda los beneficios académicos de las prohibiciones estrictas, contrastando con una realidad local de alta temprana conectividad. Según el informe publicado por el National Bureau of Economic Research (NBER), aunque restringir el uso de móviles reduce drásticamente las distracciones no académicas, el impacto en las calificaciones es prácticamente nulo. Esta evidencia científica llega en un momento crítico para Tucumán y el país, donde los datos informados por Argentinos por la Educación revelan una naturalización del dispositivo desde la infancia temprana, mientras especialistas advierten que la veda absoluta podría ser una respuesta reactiva que no ataca el problema de fondo: la necesidad de una mediación pedagógica efectiva.
El informe dado a conocer titulado “The Effects of School Phone Bans: National Evidence from Lockable Pouches”, analizó el impacto de guardar los celulares en bolsas magnéticas durante toda la jornada escolar. Los resultados revelaron que, si bien el uso de celulares con fines no académicos cayó del 61% al 13%, el efecto promedio sobre los puntajes de exámenes estandarizados fue, en palabras de uno de los autores, "consistentemente cercano a cero”.

Asimismo, la investigación detectó que durante el primer año de prohibición los incidentes disciplinarios aumentaron y el bienestar de los alumnos bajó, estabilizándose recién en periodos posteriores. El estudio subraya que prohibir el celular “no necesariamente mejora las notas, como suele destacarse desde el sentido común”, y que no se registraron cambios significativos en la asistencia o la percepción de ciberacoso.
Tucumán y la "ventana" de los 8 años
La realidad tucumana presenta un desafío logístico y pedagógico mayor, dada la alta penetración tecnológica en edades primarias. Según el informe “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?” de Argentinos por la Educación, en Tucumán casi el 63% de los alumnos de tercer grado llevan al colegio un celular propio. A nivel nacional, la tendencia es similar: “6 de cada 10 chicos de 8 años tiene celular propio” y solo el 18% de los estudiantes de esa edad no tiene acceso a un teléfono.

Esta precocidad digital se traduce en problemas de concentración en etapas posteriores. Argentina lidera las estadísticas de distracción en la región según las pruebas PISA: “El 54% de los y las estudiantes argentinos de 15 años declaró distraerse con dispositivos digitales en clases y el 46%, distraerse por compañeros que los utilizan”, siendo los porcentajes más altos entre los 80 países evaluados.
Ante este panorama, nuestra provincia sancionó a fines de diciembre de 2024 la Ley N° 9.852, que busca regular el uso de estos dispositivos en el Sistema Educativo local. La norma establece que los celulares “solo pueden ser utilizados: 1. Como herramienta pedagógica... 2. Cuando el alumno requiera por razones de salud o discapacidad... 3. En caso de emergencia médica o de seguridad”.
La ley también encomienda al Ministerio de Educación la adopción de medidas para “prevenir, detectar y abordar la problemática de la ludopatía y toda otra vinculada a un uso excesivo o desordenado de dispositivos electrónicos por parte de los alumnos”.
La visión de los especialistas y la gestión local
Los expertos consultados por Argentinos por la Educación coinciden en la complejidad del fenómeno. Andrea Goldín, investigadora del Conicet, sostiene que “los estudios controlados no parecen mostrar que la prohibición cambie los hábitos de los chicos. Considero que no hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías, sino aprender a usarlas con objetivos pedagógicos claros”. En una línea similar, Alejandro Artopoulos advierte que “el prohibicionismo no es una solución, es necesario desplegar estrategias de salud pública orientadas a la salud mental” para diferenciar el uso productivo de la adicción.
Por su parte, Lucía Fainboim, de Bienestar Digital, expresa su preocupación por la infancia: “Me preocupa que hayamos naturalizado que un niño de 8 años tenga un celular propio; esas lógicas de mercado no coinciden sino que contradicen lo que sabemos que necesita una infancia saludable”.

En el ámbito provincial, la ministra de Educación Susana Montaldo mantuvo una postura equilibrada. “No estamos por la prohibición absoluta, lo que planteamos es restringir y ordenar. No puede ser que a cualquier hora el alumno esté con el celular”, afirmó la funcionaria, y destacó que muchas escuelas tucumanas, como la Escuela Petrona de Adami de Yerba Buena y el Colegio San Carlos, ya implementan protocolos donde los alumnos depositan los teléfonos al ingresar. Montaldo concluyó que el desafío es evitar que la tecnología sea una barrera para la concentración: “es difícil en tiempos de celulares lograr la concentración necesaria para la lectura”.