
El brutal asesinato de Rodrigo Joaquín Ibarra, el joven de 21 años ejecutado de un disparo en la cabeza durante un asalto en Alderetes, dejó una herida abierta en su familia, que hoy clama por justicia entre el dolor, la bronca y la impotencia. Mientras avanza la investigación judicial, su madre y su hermana rompieron el silencio y relataron el drama que atraviesan desde aquella madrugada en la que su vida cambió para siempre.
Maribel, hermana de la víctima, expresó su indignación no solo por la violencia del crimen, sino también por la falta de información oficial tras la detención de los sospechosos. “Están detenidos en el Instituto Roca por ser menores. El juez les dio cuatro meses de preventiva nada más. Solo eso. Porque la policía nunca se acercó a casa a decirnos que ellos estaban detenidos. Nadie se acercó a decirnos nada”, relató.
Según contó, la familia se enteró de las aprehensiones por terceros. “Nos enteramos por boca de otros que estos chicos, los niños, que me arrebataron a mi hermano, habían sido detenidos”, dijo con angustia.
Al recordar el ataque, Maribel fue contundente. “A mi hermano lo ejecutaron por nada, nunca se resistió. Él les dio la bolsita, donde llevaba un pantalón y una remera. ¿Quién no tiene un pantalón y una remera? No había necesidad de matarlo”, dijo con voz entrecortada. Y agregó, en referencia a las imágenes que captaron las cámaras de seguridad y que en las últimas horas se viralizaron. “Ahí se ve que le dan la bolsita, le pegan un tiro y salen corriendo”, sostuvo.

El impacto de la pérdida atraviesa cada aspecto de su vida cotidiana. “Joaquín no vuelve más. Yo necesito que se haga justicia, no lo puedo ver nunca más. Le quitaron el padrino a mi hija. ¿Cómo hago yo para seguir? Yo lo necesito a mi hermano, necesito sus abrazos”, expresó entre lágrimas. “No les ha temblado el pulso para matarlo. Lo mataron por matarlo. Era un niño, no había empezado a vivir todavía. Tenía 21 años, muchas cosas por compartir. Lo único que pido es justicia para que mi hermano pueda descansar en paz”.
El testimonio de Norma, la madre del joven, refleja el dolor más profundo. “Mi hijo no merecía esto. No es porque sea la mamá, pero era un excelente chico. Es muy difícil seguir ahora”, afirmó entre llantos. “Una lo crio, lo educó con amor, lo acompañó para que pueda estudiar, y en cinco minutos que haya salido de mi casa me lo matan”, agregó.
Norma insistió en que el crimen no puede quedar impune. “Necesito que esto no quede así. Lo mataron por matarlo, me lo quitaron. Es un niño inocente, que no tenía maldad”, sostuvo. La familia de Joaquín también destacó el cariño que la joven víctima generaba en su entorno. “Se acercaron personas de la escuela donde estudió, de la primaria y la secundaria, porque lo apreciaban en todos lados. Nunca trajo problemas a casa, no se metía con nadie, era educado, respetuoso y muy querido”, contó la hermana.
Mientras los dos adolescentes imputados permanecen alojados en el Instituto Roca con prisión preventiva, la familia de Joaquín Ibarra enfrenta el duelo más duro: el de soportar su ausencia mientras esperan que la Justicia actúe.