
"Leti", la hija de Paulina Lebbos.-
A 20 años del crimen de Paulina Lebbos, su hija Leticia vuelve a poner en palabras una historia atravesada por el dolor de la ausencia, la exposición pública y la incansable búsqueda de justicia. Desde Río Negro, donde hoy reconstruye su vida lejos de Tucumán, “Leti”, quien decidió llevar el apellido de su madre adoptiva, Silvina Elizabeth Nieva, habló con Tendencia de Noticias, en la antesala de un nuevo aniversario del femicidio que interpeló al poder político en nuestra provincia, en una causa que sigue bajo la sombra oscura de la impunidad.
Con 25 años, profesora universitaria en danza clásica y contemporánea, y a punto de iniciar la carrera de Psicología, Leticia sostiene que su historia no se agota en el crimen que la atravesó cuando tenía cinco años. Sin embargo, cada 26 de febrero vuelve a enfrentar la ausencia y las preguntas que todavía no tienen respuesta.
El diálogo con TDN, vía Zoom, continuó así:
—Se viene un nuevo juicio. Algunos lo califican como revelador. ¿Qué expectativa tenés?
—Es difícil. Yo siempre voy a esperar la verdad. Que alguien diga qué pasó, por qué y en qué circunstancias. Eso es lo que nos mueve a seguir. La causa es muy compleja, tiene muchas hipótesis, muchas investigaciones, mucha gente involucrada. Cada vez parece más difícil de desarmar. Pero sigo creyendo que hay personas que saben lo que pasó y que todavía no hablaron.
—¿Sentís que el Estado falló?
—Sí, y eso ya quedó claro en el juicio anterior. Para mí fue muy importante entender que el Estado había fallado. Las maniobras de encubrimiento fueron terribles. La causa fue ultrajada y mi mamá volvió a ser ultrajada en ese proceso. Eso es muy doloroso.
—Mencionaste a tu padre (César Soto). ¿Esperás algo de él en este proceso?
—Yo siempre sentí que algo sabe. Que estuvo involucrado de alguna manera. Nunca tuvimos vínculo. Incluso antes de que pasara todo, la relación era distante y compleja. Con el tiempo entendí muchas cosas. Hoy espero que, si tiene algo que decir, lo diga. Que pueda decir la verdad.
—¿Qué sería justicia para vos?
—En términos judiciales, que se sepa la verdad. Que alguien se quiebre y diga lo que pasó. Eso nos daría algo de tranquilidad. Pero para mí la justicia también fue poder reconstruir mi vida. Encontrar una madre adoptiva, volver a confiar, estudiar, tener mis sueños. No ser solamente “la hija de”, no ser solo esta historia. Que el nombre de mi mamá siga presente en Tucumán, en las marchas, en la memoria colectiva, también es una forma de justicia.
—¿Sentís que el caso también interpela a la sociedad actual?
—Totalmente. Aunque en su momento no estaba tipificado como femicidio, para mí lo es. Y cada vez que veo los casos que siguen pasando, pienso en los niños y niñas que quedan sin madre, como me pasó a mí. Eso me da fuerza para acompañar otras luchas y para no bajar los brazos.
—¿Cómo atravesás el 26 de febrero?
—Intento que sea un día lo más tranquilo posible. Nunca va a ser un día normal para mí. Me afecta en el cuerpo, en todo. Soy bailarina y el cuerpo tiene memoria. Hay días que no duermo, que estoy más triste o más enojada. Pero trato de seguir, de no quedarme solo en el dolor.
—Si hoy pudieras hablar con tu mamá, ¿qué le dirías?
—Le diría gracias. Gracias por haber sido mi mamá, por haber tenido la valentía de tenerme tan joven, por lo que me dio en el tiempo que estuvo. La siento presente en mí, en lo artístico, en cada decisión que tomo. Le expresaría mi gratitud.
Leti habla con serenidad, pero sin ocultar la profundidad de una herida que permanece abierta por el dolor de la ausencia y el sabor amargo de la injusticia. A dos décadas del asesinato que marcó su infancia y a las puertas de un nuevo juicio, insiste con la misma demanda que atraviesa a su familia desde el 26 de febrero de 2006: que se conozca la verdad y que se termine la impunidad. Mientras tanto, la hija de Paulina continúa escribiendo su propia historia, convencida de que la memoria también es una forma de resiliencia.
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