
Cuando el Gigante de Arroyito empezaba a sentir el peso del marcador adverso, apareció él. En el segundo minuto de descuento del primer tiempo, Ángel Di María agarró la pelota sobre la derecha, se sacó de encima a dos rivales con una gambeta milimétrica y cruzó un zurdazo que Rodrigo Rey apenas rozó antes de ver cómo se metía en su arco. Un gol que valió mucho más que un empate transitorio: fue el chispazo que despertó a Rosario Central en los octavos de final del Torneo Apertura 2026 ante Independiente.
Hasta ese momento, el panorama para el conjunto de Jorge Almirón no era el esperado. Gabriel Ávalos había puesto en ventaja al Rojo a los 35 minutos, y los locales no encontraban la fórmula para lastimar. La pelota circulaba, la posesión era canalla —casi 60% a lo largo de todo el partido—, pero las chances concretas escaseaban. El tanto del capitán sobre el cierre de la etapa inicial fue un baldazo de agua fría para el visitante y una inyección de confianza para los hinchas rosarinos que colmaban las tribunas.

En el complemento, Central se adueñó del partido y no tardó en dar vuelta el resultado. A los 38 minutos de la segunda etapa, Giovanni Cantizano convirtió el 2 a 1 tras una jugada colectiva que tuvo a Di María como detonante. Ocho minutos después, Elías Verón selló el 3 a 1 definitivo. El capitán, que se había retirado a los 40 del ST entre aplausos de toda la cancha, dejó su marca más allá de lo estadístico: su energía y jerarquía condicionaron cada decisión del rival durante los noventa minutos.
Con este resultado, Rosario Central avanzó a los cuartos de final del Apertura y aguarda conocer a su próximo adversario, que surgirá del duelo entre Estudiantes de La Plata y Racing. Un triunfo que no fue sencillo, que se construyó de atrás y que tuvo en Di María a su figura indiscutida. En sus propias palabras tras el pitazo final: "No lo empaté, lo empatamos". Fútbol colectivo con sello de crack.

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