
Un abrazo cargado de ilusión y amistad
San Martín presentó a sus nuevos laterales con un video cargado de emoción, sentido de pertenencia y una historia que va mucho más allá de lo futbolístico. Víctor Salazar y Lucas Diarte, amigos de la vida y compadres, sellaron su regreso y llegada al club con palabras que expusieron sueños cumplidos, heridas abiertas y una promesa en común: dejar todo por la camiseta.
Para Salazar, la firma con el Santo representa la concreción de un anhelo que lo acompañó desde chico. A los 32 años, después de una carrera en la que casi siempre le tocó ver a San Martín desde lejos, finalmente podrá defender los colores del club de sus amores. En el video, no ocultó la emoción al recordar que su familia es hincha y que su padre siempre soñó con verlo vestir esta camiseta. “Me fui muy joven para cumplir mis objetivos y hoy la vida me trae de nuevo, pero de otra manera. Estar acá es algo que me atraviesa desde siempre. San Martín me hizo llorar, sufrir, pero también me dio alegrías”, expresó, con la voz quebrada. Además, se refirió al vínculo especial con Diarte, con quien compartió mil batallas dentro de la cancha como rivales y ahora lo hará como compañero: “Jugamos toda la vida en contra, nos dimos con todo. Que la primera vez que estemos juntos sea acá, en el club que amamos, es un sueño hecho realidad”.

El lateral derecho también se tomó un momento para hablarle directamente al hincha, consciente del momento que atraviesa el club. “Quiero que la gente vuelva a confiar. Vamos a dejar todo. No hay otra manera de jugar en San Martín que no sea con el corazón”, afirmó. En ese camino, destacó el acompañamiento mutuo entre ambos: contó que sufrió el último tiempo de Diarte como propio y valoró su fortaleza para volver. “Pasó por un año muy duro, pero llega preparado. Es un profesional enorme y sé que va a dar todo porque ama este club”, sostuvo.
Del otro lado, Lucas Diarte protagoniza su tercer ciclo en San Martín, con una historia reciente que no terminó de la mejor manera y dejó una herida abierta con parte de la gente. En el video, el lateral izquierdo eligió hablar desde lo humano. Reconoció el dolor que vivió, explicó que su salida anterior fue una decisión personal y remarcó que necesitaba sanar para volver a ser él. “No estaba bien de la cabeza y así no podía rendir ni ser el padre que soy. Ese año me hizo crecer mucho”, relató. El regreso no fue impulsivo: cuando apareció la chance, su familia fue clave. “Mi señora me preguntó si estaba preparado. Y lo estaba. Sentí que tenía cosas para darle todavía a San Martín”, confesó.

Diarte también se mostró conmovido al contar cómo vivió el momento de dar la noticia en su casa. “Decirles a mis hijas que nos quedábamos en Tucumán y que el papá volvía a jugar en San Martín fue increíble. Saltaron, lloraron de alegría. Ellas siempre me preguntaban cuándo iba a volver”, dijo. Además, dejó en claro cuál es su gran deuda pendiente: “Lo único que me falta acá es lograr el ascenso, jugar en Primera con mi club. Por eso estoy de nuevo”.
El reencuentro entre Salazar y Diarte no es solo deportivo. Son compadres, amigos, compañeros de charlas, asados y confidencias. Se conocen en las buenas y en las malas, y ahora compartirán el día a día defendiendo el mismo escudo. “Estar en la tribuna y estar adentro son cosas distintas, pero cuando las unís te sentís invencible”, resumió Diarte. San Martín apuesta a esa unión, a ese sentimiento genuino, para fortalecer un plantel que busca revancha. Y ellos, desde los laterales, prometen jugar como sienten: con el corazón en la mano.
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