
El estreno de San Martín en la Primera Nacional quedó marcado por una escena tan inesperada como simbólica: cuando el equipo buscaba el triunfo en el cierre, el estadio quedó completamente a oscuras. El 0-0 frente a Patronato no solo dejó sabor a poco desde lo futbolístico, sino que además terminó envuelto en incertidumbre por la interrupción a minutos del final.
En una Ciudadela repleta y con clima de renovación, el conjunto dirigido por Andrés Yllana asumió la iniciativa desde el arranque. Con una postura ambiciosa y movilidad en ataque, intentó romper el orden de un rival que eligió esperar y cerrarse. Sin embargo, el dominio territorial no se tradujo en situaciones claras. Hubo aproximaciones, algunos remates desviados y un puñado de centros que no encontraron destinatario, pero faltó precisión en el último tramo de la cancha.

En el complemento, el “Santo” redobló la apuesta. Los ingresos desde el banco le dieron mayor empuje y el equipo adelantó líneas decidido a quedarse con los tres puntos. Empujó con más voluntad que claridad, acorraló por momentos a su adversario y contó con una chance concreta que el arquero visitante resolvió con seguridad. Parecía cuestión de insistir hasta el final.
Pero cuando el reloj marcaba el tiempo agregado y el desenlace se acercaba, un corte en el suministro eléctrico dejó sin iluminación al estadio. Tras varios minutos de espera, el árbitro Andrés Gariano optó por dar por terminado el encuentro. La definición administrativa quedó en manos de la Asociación del Fútbol Argentino, que deberá resolver si se completan los minutos pendientes o si el resultado queda sellado. Para San Martín, más allá de la decisión que se adopte, el desafío inmediato será transformar el control que mostró en su casa en eficacia real.

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