
El encuentro, transmitido a través del canal de streaming OLGA, permitió a la joven condenada repasar su vida actual en el penal de Paraná, reflexionar sobre la violenta relación que mantenía con la víctima y expresar su arrepentimiento ante la repercusión mediática que aún hoy rodea al caso.

La entrevista, originalmente postergada por el canal debido a la conmoción social causada por el femicidio de Agostina Vega, se centró en la trágica madrugada del 29 de diciembre. Nahir Galarza reconoció ser la responsable del hecho, desmintiendo que se tratara de un accidente y explicando que el desenlace ocurrió en un contexto de discusiones y violencia mutua. Además, la joven confesó episodios dolorosos de su pasado, incluyendo un aborto forzado previo al crimen, y aseguró que, a sus años actuales, no sería capaz de repetir una acción similar.
Sobre su vida tras las rejas, Nahir Galarza detalló su rutina académica y personal, destacando que cursa el último año de Psicología Social, realiza actividad física y ha logrado establecer un vínculo amoroso con otro interno. Sin embargo, no ocultó las secuelas psicológicas de su encierro, admitiendo haber pasado largos periodos bajo medicación para enfrentar la angustia diaria y la constante presión de vivir en un entorno privado de libertad.
El proceso de preparación para este mano a mano fue defendido por Nati Jota, quien sostuvo que se trató de un trabajo periodístico riguroso basado en el análisis del expediente y antecedentes de la causa. En la misma línea, Migue Granados, figura central del canal, respaldó la iniciativa calificándola como una apuesta auténtica de la conductora por abordar un tema complejo, más allá de la lógica mediática tradicional o la búsqueda de impacto superficial.
Hacia el final del diálogo, Nahir Galarza reflexionó sobre su lugar en la memoria colectiva y la inmensa exposición que el caso ha tenido, incluida la reciente producción cinematográfica inspirada en los hechos. Con una respuesta tajante, la condenada expresó su deseo de vivir en el anonimato y cuestionó la forma en que los medios han bautizado el suceso, sugiriendo que la denominación pública debería centrarse en la víctima y no en su propia figura.