
En un clima de creciente crispación política, el gobierno de Javier Milei respondió a las declaraciones de la senadora nacional por Tucumán, Sandra Mendoza, quien vaticinó la imposibilidad de que el Ejecutivo complete su mandato hasta las elecciones legislativas del 26 de octubre. Esta confrontación, que pone de manifiesto las fracturas en el panorama argentino, revela no solo las tensiones entre el oficialismo libertario y la oposición peronista, sino también las estrategias de narrativas que cada bando emplea para posicionarse en un contexto de erosión del apoyo popular y desafíos económicos persistentes.
Mendoza, una figura clave del kirchnerismo tucumano alineada con el exgobernador Juan Manzur, utilizó una entrevista radial para articular un diagnóstico sombrío del gobierno, interpretando la reciente derrota de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires como un veredicto inapelable de la ciudadanía.

La intervención de Mendoza, emitida el miércoles pasado en FM La Tucumana (95.9), se enmarca en un momento crítico para el oficialismo, donde los resultados electorales en la provincia de Buenos Aires expusieron vulnerabilidades en el modelo de ajuste fiscal impulsado por Milei desde su asunción. La senadora, esposa del exintendente José Orellana —quien abandonó su cargo este año tras una condena por abuso sexual—, no escatimó en críticas al plan económico presidencial, al que describió como una política de "arrasar" que prioriza recortes en sectores vulnerables. “No creo que este gobierno llegue al 26 de octubre. Tengo muchas dudas en eso. Esto no da para más. Ya le han soltado la mano todos: la política, los gobernadores, el periodismo, la gente”, afirmó rotundamente, subrayando un presunto colapso del "sostén político ni social" del presidente. Esta afirmación, que evoca escenarios de crisis institucional, genera interrogantes sobre las implicancias constitucionales y el rol de la oposición en un sistema presidencialista donde las mayorías legislativas aún no se han consolidado.
Ante estas declaraciones, que rozan el límite entre la crítica legítima y la especulación sobre un eventual colapso gubernamental, el oficialismo no tardó en contraatacar, enmarcando las palabras de Mendoza en una supuesta maniobra desestabilizadora de corte internacional. Alejandro Álvarez, subsecretario de Políticas Universitarias, utilizó la plataforma X para desgranar lo que denominó una "técnica del 'Golpe Suave' (también golpe blando)" orquestada por el kirchnerismo contra Milei. En su publicación, Álvarez atribuyó esta estrategia al politólogo estadounidense Gene Sharp. "Como es la técnica del 'Golpe Suave' (también golpe blando) que están usando contra @JMilei: Es una estrategia atribuida al politólogo estadounidense Gene Sharp, a menudo se utiliza como un manual para derrocar gobiernos mediante etapas progresivas, combinando acciones psicológicas, mediáticas y de movilización", escribió el funcionario, quien vinculó explícitamente las afirmaciones de Mendoza a esta táctica, sugiriendo que buscan minar la confianza en el Ejecutivo mediante narrativas de inestabilidad.
Al respecto, sostuvo que dicha estrategia se divide en cinco etapas principales: la primera de ellas, considerada de "ablandamiento (o guerra de cuarta generación)", se enfoca en crear matrices de opinión sobre déficits reales o potenciales del gobierno. "Esto incluye promover el descontento a través de conflictos, escasez, criminalidad, inseguridad, manipulación del dólar, paros, denuncias de corrupción y fracturas internas para debilitar la unidad". Posteriormente, Álvarez describió un segundo momento caracterizado por la "deslegitimación", donde, de acuerdo a su exposición "se manipulan prejuicios, se impulsan campañas en defensa de los 'excluidos', derechos humanos y libertades públicas. Incluye acusaciones de totalitarismo, pensamiento único y fractura ético-política para erosionar la credibilidad del gobierno".

Como tercera fase, el funcionario libertario adujo el "calentamiento de la calle": Se fomenta la movilización callejera con plataformas que globalizan demandas políticas y sociales. "Se generalizan protestas para destacar fallos gubernamentales, con manifestaciones, bloqueos y tomas de instituciones para radicalizar la confrontación. A su vez, y como cuarta etapa, habló de una "combinación de diversas formas de lucha: Se organizan marchas y tomas de instituciones emblemáticas como plataformas publicitarias. Incluye operaciones de guerra psicológica, acciones armadas para provocar represión, creación de un clima de ingobernabilidad y campañas de rumores para desmoralizar a las fuerzas de seguridad. (Estamos en esta etapa?)", se preguntó Álvarez.
Finalmente, expuso lo que ponderó como "fractura institucional: Basado en acciones callejeras, tomas institucionales y pronunciamientos políticos, "se fuerza la renuncia del presidente. Si falla, se mantiene la presión callejera, se migra a resistencia armada, se prepara intervención militar o guerra civil prolongada, y se promueve aislamiento internacional y asedio económico", alertó.
De esta forma, mientras el kirchnerismo aprovecha el descontento social para reconstruir su base electoral, el oficialismo recurre a la figura del "golpe suave" para deslegitimar las críticas y consolidar su cohesión interna. En este entramado, Tucumán emerge como un bastión opositor clave para articular una resistencia regional que podría influir en el equilibrio nacional. La vigencia de estas tensiones hasta octubre no solo pondrá a prueba la resiliencia del modelo mileísta, sino también la capacidad de la oposición para transformar el malestar en una alternativa viable, en un año donde las urnas serán el árbitro definitivo de esta pugna por el poder.